MANUEL PUIG
Por Juan Pablo Sutherland
Manuel Puig siempre sorprenderá. Sus
textos, su inventiva, el glamour de sus personajes y su amor por las divas de
antaño (Greta Garbo, Rita Hayworth entre algunas). Ropajes que recrean una
atractiva escritura y un fantasioso escenario donde despleg6 sus particulares
personajes. Algunos activistas gays hist6ricos en la Argentina cuentan de su
estrecha cercanía en los inicios del movimiento homosexual por los años
setenta. Estuvo ahí, pero privilegió su talento literario y se mantuvo
aportando desde su crea tividad a la cultura de esos años. En esos tiempos, la
discusi6n política de la diversidad sexual estaba cruzada por las sucesivas
dictaduras y la feroci dad de la represión política, escenario que sirvió de
vuelta para crear una de sus mayores novelas, El Beso de la Mujer Arana,
que inaugura las tensas relaciones entre la cultura de izquierda y la
homosexualidad, antecedente directo de otras emblemáticas novelas
latinoamericanas (Tengo miedo torero de Pedro Lemebel y Antes
que anochezca de Reinaldo Arenas). Ese mismo panorama fue el contexto
donde Puig discutió con sus amigos y activistas sobre identidades, estrategias
políticas y las subjetividades homosexuales. El error gay es
el ensayo escogido de Puig para abrir un debate que sin duda sigue más actual
que nunca entre activistas gays, lesbianas, intelectuales e investigadores
homosexuales en Chile y el mundo. La idea básica de Puig se relaciona con su
crítica al ghetto gay y la creaci6n de la homosexualidad como categoría. Puig
es claro, si no existe la homosexualidad no existen los homosexuales: solo
existen las prácticas sexuales. Sin duda, el escritor sospechó de la identidad
y su correspondencia con categorías estáticas y arqueológicas que colocaban a
la sexualidad como un territorio muy definido y sin cambios. Por cierto, que
este mismo debate vale la pena repasarlo ahora que, en el mundo, los Estudios
Gays-Lesbicos tienen un notable avance. Se discuten eufóricamente particulares
reflexiones y nuevos conceptos entran a escena (queer, raro, extraño, marica,
bicha). Inspiraciones que desestabilizan la misma identidad gay que Puig
cuestionaba. Habrá que pensar que el debate respecto a la identidad está
abierto, que los procesos de visibilizaci6n de sujetos gays, lesbianas,
travestis y transexuales instalan otro escenario y que la crucial pregunta de
Puig por el error gay tiene una actualidad impresionante.
Quizás el error gay tenga que ver con la peligrosa cercanía entre el consumo
gay, el mercado y su debilidad para cuestionar los dispositivos de poder y
homofobia que vivimos a diario.
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