LANGSTON HUGHES



Yo también...
 
Yo también canto América.               
 
Soy el hermano oscuro.           
Me hacen comer en la cocina             
Cuando llegan visitas.             
Pero me río,         
Y como bien,                  
Y me pongo fuerte.                  
 
Mañana                
Me sentaré a la mesa               
Cuando lleguen visitas.          
Nadie se animará           
A decirme            
«Vete a la cocina»          
Entonces.              
 
Además, verán lo hermoso que soy           
Y tendrán vergüenza, -            
 
Yo, también, soy América.                
 
 
Nuestra tierra
 
Deberíamos tener una tierra de sol,            
De lujoso sol,                 
Y una tierra de agua fragante            
Donde la tarde es un pañuelo suave floreado                
De rosa y de oro,          
Y no esta tierra               
Donde la vida es fría.               
 
Deberíamos tener una tierra de árboles,               
De altos, espesos árboles,                  
Agobiados de loros charlatanes                 
Brillantes como el día              
Y no esta tierra donde son grises los pájaros.                 
 
Ah, tendríamos un país de alegría,             
De amor y alegría y vino y canción,            
Y no esta tierra donde la alegría está mal.           
         
 
El negro habla de ríos
 
He conocido ríos...                   
He conocido ríos antiguos como el mundo y más antiguos que la
fluencia de sangre humana por las venas humanas.                
Mi espíritu se ha ahondado como los ríos.           
 
Me he bañado en el Éufrates cuando las albas eran jóvenes,                
He armado mi cabaña cerca del Congo y me ha arrullado el sueño,              
He tendido la vista sobre el Nilo y he levantado las pirámides en
lo alto.                  
 
He escuchado el cantar del Mississippi cuando Lincoln bajó a New
Orleans,                
Y he visto su barroso pecho dorarse todo con la puesta del sol.              
 
He conocido ríos:           
Ríos envejecidos, morenos.              
Mi espíritu se ha ahondado como los ríos. 
         
(Revista SUR, 1931)
 
Versiones de J. L. B
 

1
 
La tristeza cansada
 
Manejando una melodía sincopada y somnolienta,
Balanceándose de un lado a otro al son de un suave canto,
    Escuché a un negro tocar.
En Lenox Avenue la otra noche
Bajo la pálida y apagada luz de una vieja lámpara de gas
    Hizo un movimiento lento y balanceante.
    Hizo un movimiento lento y balanceante.
Al son de esos tristes blues.
Con sus manos de ébano sobre cada tecla de marfil.
Hizo que aquel pobre piano gimiera con melodía.
    ¡El blues!
Balanceándose de un lado a otro en su taburete destartalado
Tocó esa triste y desaliñada melodía como un músico inepto.
    ¡Dulce blues!
Proveniente del alma de un hombre negro.
    ¡El blues!
Con una voz grave y melancólica
Escuché a ese negro cantar, a ese viejo piano gemir—
“No tengo a nadie en todo este mundo,
    No tengo a nadie más que a mí mismo.
    Voy a dejar de fruncir el ceño
    Y dejar mis problemas a un lado.
¡Pum, pum, pum!, sonaba su pie en el suelo.
Tocó algunos acordes y luego cantó un poco más.
    'Tengo la melancolía del cansancio'
    Y no puedo estar satisfecho.
    Tengo la melancolía del cansancio
    Y no puede estar satisfecho—
    Ya no soy feliz.
    Y ojalá hubiera muerto.
Y durante gran parte de la noche, tarareó esa melodía.
Las estrellas se apagaron y también la luna.
El cantante dejó de tocar y se fue a la cama.
Mientras la melodía de Weary Blues resonaba en su cabeza.
Dormía como un tronco o como un muerto.
 

La tristeza cansada
 
Con una melodía lenta y sincopada,
Balanceándose al son de la canción lastimera,
    Escuché a un hombre negro cantar.
En Lenox, la otra noche, cuando bajaba las escaleras
Bajo la luz parpadeante al final del día
    Se balanceaba perezosamente…
    Se balanceaba perezosamente…
La canción del blues cansado.
Manos de ébano tocando el marfil
Las melodías gemían desde el pobre piano.
    ¡Oh, blues!
Columpiándose en lo alto de su banco rústico
Sonaba triste, como un ragú juguetón.
     ¡Dulce blues!
Alma negra que brilla.
     ¡Oh, blues!
Con voz grave y tono triste
El hombre negro al piano gimiendo con belleza –
   "No tengo a nadie en este mundo,
    No tengo a nadie, estoy solo.
    Voy a suavizar mi expresión.
    "Deja de lado el dolor por un momento."
Golpe, golpe, golpe, golpeó el suelo con el pie.
Unos cuantos acordes, otra canción –
    "Canto el blues cansado"
    Y no siento alegría.
    Canto el blues cansado.
    Y no siento alegría.
    Estoy feliz pero no
    "Solo quiero estar en un ataúd."
Se lamentó en la noche desnuda.
Las estrellas se desvanecieron junto con la luna.
La cantante se detuvo, se fue a la cama y ahora está durmiendo.
El blues, como un eco, fluye por su alma.
Dormía como un tronco, o como si estuviera a punto de morir.
 
 
2
 
El negro habla de ríos
 
                                         (A W.E.B. DuBois)
 
He conocido ríos:
He conocido ríos tan antiguos como el mundo y más antiguos que el flujo 
de la sangre humana en las venas humanas.
Mi alma se ha vuelto profunda como los ríos.
Me bañaba en el Éufrates cuando los amaneceres eran jóvenes.
Construí mi cabaña cerca del Congo y me arrulló hasta quedarme dormido.
Contemplé el Nilo y erigí las pirámides sobre él.
Escuché el canto del Misisipi cuando Abraham Lincoln bajó a Nueva Orleans, 
y he visto cómo su lodoso seno se tornaba dorado al atardecer.
He conocido ríos:
Ríos antiguos y oscuros.
Mi alma se ha vuelto profunda como los ríos.
 

El hombre negro que habla de ríos
 
                                        (Para W.E.B. DuBois)
 
He conocido muchos ríos:
He conocido ríos tan antiguos como el mundo, y más antiguos que la sangre 
que corre por las venas humanas.
Mi alma ha fluido profunda como los ríos.
Me bañaba en el Éufrates cuando los amaneceres eran jóvenes.
Construí mi cabaña cerca del río Congo, cuyas aguas me arrullaban hasta 
quedarme dormido.
Vi el Nilo y construí las pirámides para poder contemplarlo.
Escuché cantar al Misisipi cuando Abraham Lincoln llegó a Nueva Orleans, 
y vi cómo sus pliegues de lodo se volvían dorados con la puesta de sol.
He conocido muchos ríos:
Ríos antiguos y oscuros.
Mi alma ha fluido profunda como los ríos.
 
 
3
 
Muerte de un viejo marinero
 
Lo enterramos en lo alto de una colina ventosa.
Pero su alma se fue al mar.
Lo sé, porque oí, cuando todo estaba en silencio,
Su alma marina me dice:
No pongan ninguna lápida en mi cabeza,
Porque aquí no hago mi cama.
No esparzas flores en mi tumba,
He vuelto al viento y a las olas.
No, no llores por mí.
Porque soy feliz con mi mar.
 

La muerte de un viejo marinero
 
Lo enterramos en la cima de la colina, azotado por el viento.
Pero su alma regresó al mar.
Lo sé, porque, cuando todo estaba tranquilo,
Su alma vino a decirme:
No quiero ninguna lápida.
En resumen, no es mi casa.
Yo tampoco quiero flores.
Regresé a las olas y a sus murmullos.
No necesitas llorar por mí,
Soy feliz junto al mar.


4
 
Poema
 
    Para el retrato de un niño africano al estilo de
                                        Gauguin
Todos los tambores de la selva resuenan en mi sangre,
Y todas las lunas salvajes y ardientes de las selvas brillan en mi alma.
Tengo miedo de esta civilización.
    Tan difícil,
               Tan fuerte,
                         Qué frío.
 

Poema: Para el retrato de un niño africano al estilo de Gauguin
 
Todos los ritmos de la selva palpitan en mi sangre.
Y todas las lunas de la selva brillan en mi alma, feroces y ardientes.
Tengo miedo de esta civilización.
Tan difícil,
           Tan firme,
                       Qué despiadado.
 
 
5
 
Los blancos
 
No te odio,
Porque vuestros rostros también son hermosos.
No te odio,
Vuestros rostros también son luces centelleantes de belleza y esplendor.
¿Pero por qué me torturas?
Oh, blancos, fuertes,
¿Por qué me torturas?
 

Ropa blanca
 
No los odio,
Porque sus rostros también son hermosos.
No los odio,
Sus rostros irradian destellos de dulzura y esplendor.
¿Por qué me están torturando?
Oh, vosotros, hombres blancos fuertes,
¿Por qué me están torturando?
 
(The Weary Blues, 1926)
 
Trad. Gilberto G. Pereira
 

Proemio
 
Soy un negro:
Negro como la noche,
Negro como las fauces de mi África.
He sido un esclavo:
César me dijo que mantuviese limpios sus peldaños.
Yo le pulí las botas a Washington.
He sido un obrero:
Por mis manos las pirámides se levantaron.
Batí la mezcla para el Woolworth Building.
He sido un cantante:
Por todo el camino desde África a Georgia
He llevado mis canciones de penas.
Yo inventé el ragtime.
He sido una víctima:
Los belgas cortaron mis manos en el Congo.
Me linchan ahora en Texas.
Yo soy un negro:
Negro como la noche es negra,
Negro como las fauces de mi África.
 
 
Lamento de los Oscuros
 
Yo una vez fui un hombre rojo,
Pero llegó el hombre blanco.
Fui un hombre negro también,
Pero llegó el hombre blanco.
Me sacaron de los bosques,
Me arrancaron de las selvas.
Perdí mis árboles.
Perdí mis lunas de plata.
Ahora me han enjaulado
En el circo de la civilización.
Ahora me arrean con los muchos—
Encerrados en el círculo de la civilización.
 
 
Noche de verano
 
Los sonidos
De la noche del Harlem
Caen poco a poco hasta la inmovilidad.
El último pianista ha concluido.
La última victrola cesó con
The jazz boy blues.
El último niño del llanto
Ya se ha dormido
Y la noche se ha ido quedando
Quieta como el latir susurrante.
Me muevo
Sin reposo en la oscuridad,
Cansado como la noche fatigada,
Mi alma
Vacía como el silencio,
Vacía con un vago,
Doliente vacío,
Deseando,
Necesitando
A alguien,
Algo.
Me muevo sin descanso
En la oscuridad
Antes que el nuevo amanecer,
Exhausto y pálido,
Descienda como una niebla blanca
En el terreno baldío de al lado.
 
 
Poema
 
Tenemos mañana
Que brille ante nosotros
Como una llama.
Ayer
Una cosa de noche pasada,
Un nombre de sol oculto.
Y amanecer hoy,
Un arco ancho sobre el camino
por el que hemos venido llegando.
 
 
Desilusión
 
Sería tan simple una vez más,
Simple y limpio
Como la tierra,
Como la lluvia,
Como nunca antes visto,
Harlem de mi alma,
La risa salvaje
De tu gracia
Sin las lágrimas saladas
De tus dolencias.
Sé gentil conmigo,
Oh, gran ciudad oscura.
Déjame olvidar.
No volveré contigo
Otra vez.
 
 
Epílogo
 
Yo también canto América.
Soy el hermano más oscuro.
Me mandan a comer a la cocina
Cuando llega visita,
Pero me río,
Y como bien,
Y crezco fuerte.
Mañana,
Me sentaré a la mesa
Cuando llegue visita.
Nadie se dignará
Entonces
A decirme
«Vete a comer en la cocina».
Además,
Verán cuán bello soy
Y les dará vergüenza—
Yo también soy América.
 
(The Weary Blues, 1926)
 
Trad. César Panza
 

Yo, también
 
Yo, también, le canto a América.
 
Soy el hermano oscuro.
Me mandan a comer a la cocina
Cuando vienen las visitas, pero yo me río,
Y me alimento bien,
Y crezco fuerte.
 
Mañana
Me sentaré a la mesa 
Cuando vengan las visitas.
Nadie se atreverá 
A decirme:
"Come en la cocina"
De nuevo.
 
Entonces,
Ellos verán cuán hermoso soy
Y se avergonzarán.
 
Yo, también, soy América.
 
(The Collected Poems of Langston Hughes, 1994)
 
Versión Mijaíl Lamas
 

                    Negro
 
Yo soy un Negro:
                 Negro como la noche es negra.
                 Negro como lo profundo de mi África.
He sido esclavo:
                 César me ordenó mantener limpio su umbral.
                 Lustré las botas de Washington.
He sido obrero:
                 De mis manos surgieron las pirámides.
                 Yo hice la mezcla para el Woolworth Building.
He sido cantante:
                 Todo el camino, de África a Georgia,
                 cargué con mis canciones tristes.
                 Yo inventé el ragtime.
He sido víctima:
                 Los belgas me cortaron las manos en el Congo.
                 Me siguen linchando en Mississipi.
Yo soy un Negro:
                 Negro como la noche es negra.
                 Negro como lo profundo de mi África.
 
(Círculo de Poesía. Revista Electrónica de Literatura, 2016)
 
Versión Mijaíl Lamas
 
Graciasss/ermiracultura.com.br/cinco-poemas-de-langston-hughes/

Comentarios