SEIS CARTAS LÉSBICAS ENTRE ALEJANDRA PIZARNIK Y SILVANA OCAMPO

SILVINA Y ALEJANDRA
 
1/3/19
 
Portada: Alejandra Pizarnik. / Foto: Cultura Nación.
 
«E. se está enamorando de mí: por eso me atrae menos. Uno de estos días le diré que no nos veremos más porque yo no puedo amarle, ya no puedo amar a nadie, yo estoy muy lejos, muy enferma».
 
Escribiría Pizarnik en uno de sus diarios, una costumbre que resultó en uno de los tesoros más importantes que tenemos para reconocer la vida y pensamiento de la escritora argentina.
 
Bajo la sombra del estereotipo de poeta suicida, sentimental y atormentada, Pizarnik es una de las mujeres de la literatura que ha logrado capturar con sus textos a cientos de personas. Habrá sido su pasión y emoción lo que permite que cada uno de sus lectores se vean reflejados en sus letras o el mero talento, lo cierto es que la argentina se ha convertido en una especie de leyenda de la cual quisiéramos saber más y más. 
 
La búsqueda de los datos de su vida se vuelve aún más interesante cuando se toma en consideración que Alejandra Pizarnik perteneció a un círculo cultural que ahora es reconocido por su importancia para el desarrollo de la literatura latinoamericana y es ahí donde se inscribe Silvina Ocampo. 
 
Ocampo también es una de las escritoras argentinas de mayor prestigio, aunque su popularidad como tal se vio mermada por sus familiares, como Victoria Ocampo —que también escribía— y su esposo, Adolfo Bioy Casares. Ocampo, así como otras mujeres en las artes, en distintas ocasiones se vio relegada o analizada a partir de estándares que hablan mucho de la masculinidad imperante de las letras. Llamada “la Borges con falda”, Ocampo es interpretada y validada sólo a partir del valor y prestigio de su también amigo, aunque la crítica especializada en los estudios de género ha intentado abordar sus textos desde una perspectiva totalmente distinta.
 
Silvina Ocampo. Foto: Wikimedia Commons.

Sin embargo, más allá de la contribución literaria que estas dos argentinas realizaron, su amistad ahora es analizada a través del lente de la pasión amorosa y el erotismo. Tras analizar algunas de las últimas cartas que Pizarnik le envió a Ocampo, es fácil creer que ambas mujeres mantuvieron un romance, una amistad muy amorosa o que Pizarnik se enamoró profundamente de Ocampo.
 
El problema de estas cartas es que no existe un registro de Ocampo, sin cartas de su propia mano y sin un diario como el de la poeta, es difícil saber si Pizarnik fue correspondida en su totalidad, si tuvieron un tórrido romance o todo fue platónico. 
 
En una entrevista a Mariana Enríquez, una de las estudiosas de Ocampo que publicó en el 2018, La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo, explica para El Cultural sobre la posibilidad de este gran romance lésbico entre las dos autoras:
 
«No encontré ni un testimonio desde el “campo Silvina” sobre este romance. La versión aceptada es que Alejandra se enamoró perdidamente. Sí tuvieron una relación de amistad, se visitaban, hablaban por teléfono. Alejandra le regaló a Silvina un cuaderno que ella usó para anotaciones, citas, posibles argumentos y que después se publicó con el título de Ejércitos de la oscuridad y una dedicatoria a Alejandra. […] La cuestión está muy dividida. A mí me gusta creer que tuvieron un romance, pero no pude confirmarlo. Quedan esas cartas terribles y ardientes de Alejandra. Me niego a creer que las causó sólo su amor imposible y no correspondido, aunque tantos me digan que, en efecto, así fue». 
 
Enseguida podrás encontrar algunas de las cartas que fueron recopiladas en Correspondencia Pizarnik de Ivonne Bordelois, y juzgar por ti mismo qué clase de relación hubo entre las dos escritoras:
 
I.
 
«Quien siente mucho, se jode y no encuentra palabras y entonces no habla y es ésa su condena. Me apresuro a emitir mil gracias por las flores que recibí gracias a vos el sábado 29/11/69 a las 7 u 8 del crepúsculo, son tuyos o no los dibujos o incisiones o mascarillas…
 
Un abrazo breve
para que admires qué
pronto conseguí un
gravador de papeles
como el tuyo, […]»
 
Silvina Ocampo. / Foto: Letras Libres.
 
II.
 
«Tarjeta minúscula con tres niñas-ángeles en la nieve -la más pequeña avanza con un farol

Señores de ahí arriba: para Silvina exigimos todas las alegrías suaves e intensas, y que escriba muchísimo, y que sea como es si bien la aceptamos de todos modos si llegara a cambiar.

Otrosí: deseamos para ella todo el bien

Alejandra»
 
Alejandra Pizarnik / Foto: Medium.
 
III.
 
«Tarjeta con dos tréboles, uno violeta y otro celeste, sobre fondo rectangular verde enmarcado en celeste. Escrito transversalmente en el borde izquierdo dice: Silvina Silvina Silvina Silvina

Silvina:

hoy me pregunté:

¿cómo sería el mundo si Silvina no hubiese nacido?

Gracias

Tuya

Alejandra»
 
Silvina Ocampo. / Foto: Leedor
 
IV.
 
«Silvina, Sylvie, Sylvette, te llamé y nadie contestó. Por eso te escribo. Es algo muy simple (“c’est aussi simple comme une phrase musicale” y que puede formularse más o menos así: la habitación se balancea y oscila como un barco. Cuando te llegue esta cartita ya no se moverá más mi cuarto, gracias a vos y un poco gracias a mí, porque te escribo en vez de quedarme “inmoble” (lo descubrí ayer). En suma, quisiera, al final de todo, poder decir como el Poeta:
 
“on n’a pas été des lâches
on a fait ce qu’on a pu”.
 
Por otra parte, mi cuarto es poco alentador. Ayer, decidida a reparar los daños que me causó la tormenta -la traidora! con lo que me gusta!- arrojé todo o sea libros, discos y cahiers al suelo a fin de ordenar ese conjunto de un modo más inteligente. Como no me animo a regalarte discos (salvo del estilo del de Salónica) me apresuro a contarte que ya se consiguen las piezas para clave de COUPERIN. La clabicembalista (!) se llama ETA HARICH SCHNEIDER. Título general: “Música para clave de Couperin”
 
Ignoro cómo le caerá a la edipita Edith el nombre de ETA. Además Couperin se asocia con couper y Schneider si bien significa sastre, alude también al verbo cortar.
 
Moraleja: no darle a Edith una tijera de sastre pues no vacilará en cortar el disco en dos partes: le derrière et le devant. Le derrière es algo que no se toca sin ser un instrumento. Le devant es algo que se que se que se (se acabó la cinta, oh mi complejo de Persefone, oh mis ganas de Amaltea, etc.).
 
Ahora me siento mejor, Sylvette (no habrá ninguna igual) y te bendigo desde el fondo de los fondos de mi casa y de mi raza (de la que me siento desunida, sin embargo los oigo allá lejos cantarme sus ensalmos). Dije ensalmos y el barco se detuvo. Silvina, chérie, escribí mucho: si no lo haces vos ¿quién lo hará, entonces? Te lo reitero, lo sé; volveré a decirlo, ahora y siempre. ¿Algún día me contarás un cuento con caballos de calesita? “Yo he sufrido tanto.
 
¿Me lo contarás algún día?” Gracias (estoy muy bien)
 
y un abrazo matemático de […]»
 
Alejandra Pizarnik. / Foto: Wikimedia Commons.
 
V.
 
«Querida Silvina, le ciel est si bleu, si tendre, muy parecido a tu sonrisa. Pero ayer a las 20 horas no fue así pues no sé por qué, sobre el celestegrisrosa del crepúsculo vino una nube enorme, enorme, y también negra, y también erizada, como hecha de la materia de un gato electrizado, quiero decir de la piel de ese gato que por otra parte nunca vi sino dibujado en una historieta.
 
Me siento muy orgullosa y con un poquito de miedo -a causa de la responsabilidad que implica- escribiendo con tu lapicera. Tengo que acostumbrarme a ella pues exige una impetuosidad y una generosidad y una entrega propias en mí de un instante privilegiado y en vos de tu estado natural de ser y de estar. (Se entiende algo o es cierto que el sol me inmovilizó el pensamiento?).
 
Quiero decir que no será extraño si ella cambia de forma –y sobre todo el sentido- de mis poemas venideros. (Cuando yo tenía 6 años me pasaba la vida escribiéndoles a los Reyes Magos –no sólo en su día sino en cualquier otro- pidiéndoles una lapicera que supiese sumar, restar y dividir sola; ella dirigiría mi mano derecha mientras la izquierda, debajo del pupitre, da vuelta las páginas del libro de cuentos que leo mientras la lapicera se las arregla mágicamente para hacer de mí el genio de las matemáticas. Esto es idiota pero no hago más que recordarlo desde el lunes).
 
Encontré un librito de Old Montaigne que por momentos es muy delicioso: “Sur le plus beau trône du monde on n’est jamais assis que sur son cul”.
 
¿Te deje muy triste el otro día? Espero que no. Confío en que no. Aun así, y aunque maldita la gracia que me hace tender mi tristeza sobre la mesa como un mapa, aun así es una Gran Prueba de Amistad de mi parte esto de no sonreír todo el tiempo y de no decir chistes todo el tiempo, que es lo que hago con 99 de cada 100 personas que conozco. Quiero decir que revelar la tristeza es algo así como la máxima confesión (al menos, en mi caso). Pero me horroriza pensar que pude comunicártela. Ojalá que el peregrino la haya disipado si es que no la dejé al irme.
 
Estuve pensando mucho en lo que dijiste sobre la continuidad del poema, aquello de que un verso llama a otro.
 
Creo que te va a encantar como a mí la dama que está a la izquierda, en el primer plano, vestida de azul, dueña de una lujosa cola blanca, parecida –si j’ose dire – a la de un caballo. Aunque temerosa de exagerar, me he atrevido a pensar que también sus finas y blancas piernas tienen un no sé qué de equino. (En las noches de invierno ella galopa con sus piececitos vestidos de azul y danza, danza de alegría, de miedo, danza para alegrar su pequeño corazón, su corazón de madera, su corazón de buena suerte).
 
Por primera vez, después de muchos meses, leí un diario. Al dejarlo he sentido deseos de ir a Uganda. Habría que traer a la Mère Ubu y al Père Ubu como reyes.
 
Vengo de un paseo de cuatro horas solitarias en bicicleta. Por eso la carta está girando (“elle tourne, elle tourne comme dans les rêves de la reine folle…
 
J’e t’embrasse
 
Alejandra»
 
Silvia Ocampo y Adolfo Bioy Casares. / Foto: Cultura Nación.
 
VI.
 
«B. A. 31/1/72
 
Ma très chère,
 
Tristísimo día en que te telefoneé para no escuchar sino voces espúreas, indignas, originarias de criaturas que los hacedores de golems hacían frente a los espejos (cf. von Arnim).
 
Pero vos, mi amor, no me desmemories. Vos sabés cuánto y sobre todo sufro. Acaso las dos sepamos que te estoy buscando. Sea como fuere, aquí hay un bosque musical para dos niñas fieles: S. y A.
 
Escribime, la muy querida. Necesito de la bella certidumbre de tu estar aquí, ici-bas pourtant [aquí abajo, sin embargo]. Yo traduzco sin ganas, mi asma es impresionante (para festejarme descubrí que a Martha le molesta el ruido de mi respiración de enferma.)
 
¿Por qué, Silvina adorada, cualquier mierda respira bien y yo me quedo encerrada y soy Fedra y soy Ana Frank?
 
El sábado, en Bécquar, corrí en moto y choqué. Me duele todo (no me dolería si me tocaras –y esto no es una frase zalamera). Como no quise alarmar a los de la casa, nada dije. Me eché al sol. Me desmayé pero por suerte nadie lo supo. Me gusta contarte estas gansadas porque sólo vos me las escuchás. ¿Y tu libro? El mío acaba de salir. Formato precioso. Te lo envío a Posadas 1650, quien, por ser amante de Quintana, se lo transmitirá entre ascogencia y escogencia.
 
Te (les) envié aussi un cuaderniyo venezol-ano con un no sé qué de degutante (como dicen Ellos). Pero que te editen en 15 días (…) Mais oui, je suis une chienne dans le bois, je suis avide de jouir (mais jusqu’au péril extrême). Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y, surtout (bis10) tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.
 
Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo SIN FONDO. A él lo amo pero es distinto, vos sabés ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos, mon cher amour. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío.
 
Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré. Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré.
 
Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves lo sexual es un “tercero” por añadidura. En fin, no sigo. Les mando los 2 librejos de poemúnculos meos –cosa seria. Te beso como yo sé i a la rusa (con variantes francesas y de Córcega).
 
O no te beso sino que te saludo, según tus gustos, como quieras.
 
Me someto. Siempre dije no para un día decir mejor sí.
 
Ojo: esta carta tu peut t’en foutre et me répondre à propos des hormigas culonas.
 
Sylvette, tu es la seule, l’unique. Mais ça il faut le dire: Jamais tu ne rencontreras quelqu’un comme moi –Et tu le sais (tout)
 
(Et maintenant je pleure. Silvina curame,
ayudame, no es posible ser tamaña supliciada -)
 
Silvina, curame, no hagas que tenga que morir ya.»
 
Foto: Diario de Pontevedra
 
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