QUENTIN CRISP: “MI EXISTENCIA MISMA ERA ILEGAL”

QUENTIN CRISP, EL ICONO QUE DESAFIÓ A TODA
UNA ÉPOCA CON SU VIDA (Y SOMBREROS)
 
Hoy se cumplen 115 años del nacimiento de Quentin Crisp, escritor, modelo artístico, locutor de radio, actor de cine y celebridad, que desafió a la sociedad británica del siglo XX viviendo abiertamente su homosexualidad.
 
Por Eduardo Bravo
25 de diciembre de 2023
 
En 1993, la realizadora Sally Potter rodó Orlando, su versión de la novela de Virginia Woolf con Tilda Swinton en el papel principal y Quentin Crisp en el de la reina Isabel I. Desde su estreno, cuando los vecinos del East Village neoyorquino veían pasar a Crisp por la calle, se inclinaban ante él haciéndole la correspondiente reverencia. Un respeto que Crisp, por su condición de homosexual, no siempre había recibido a lo largo de su vida.

Nacido en Sutton, condado de Surrey, el 25 de diciembre de 1908, Crisp había llegado a Nueva York en 1977, aprovechando el éxito de la adaptación televisiva de su libro autobiográfico El funcionario desnudo protagonizada por John Hurt. La elección de ese país no era casual.
 
El escritor siempre había mostrado una gran simpatía por Estados Unidos y sus ciudadanos desde que, durante la Segunda Guerra Mundial, frecuentara a los soldados norteamericanos que, a diferencia de los ciudadanos británicos, eran mucho más tolerantes en lo que a las relaciones sexuales entre hombres se refiere.
 
“Lo que más me asombraba de los americanos era lo directos que eran. Aparentemente, entre el paralelo 49 y el Golfo de México, no existía eso que se llama guardar las apariencias. Aquellos jóvenes caminaban no detrás de ti, sino a tu lado, y de inmediato iniciaban una conversación mediante palabras como: “Creo que a ti y a mí nos interesa lo mismo” […]. Conversaciones como esta me indicaron que yo era americano por naturaleza. El resto del mundo contemplaba la felicidad con sospecha y la consideraba el resultado secundario de otro propósito (preferiblemente noble). 

Los americanos y los homosexuales la buscábamos por sí misma”, recordaba en El funcionario desnudo Quentin Crisp, que siempre sostuvo que "el vicio es una recompensa en sí misma. Es la virtud, por el contrario, la que debería estar marcada con etiquetas de advertencia si se quiere promocionar para el consumo".
 
Antes de convertirse en una celebridad, Quentin Crisp había sido pintor comercial en agencias de publicidad, portadista para editoriales, rotulista de créditos cinematográficos y modelo artístico para estudiantes de pintura. “Aunque ser modelo conllevaba un gran desgaste físico, había un aspecto en el que resultaba un trabajo fácil de hacer. No requería aptitudes, ni educación, ni referencias, ni experiencia previa. Únicamente tenías que decir ‘Sí, quiero’ y te encontrabas tan agarrado al oficio como si de un matrimonio se tratara. 

Era, además, un trabajo fácil de conseguir. La guerra aún continuaba librándose y yo era casi el único hombre (lo de hombre a grandes rasgos), que aún tenía dos brazos y dos piernas”, recordaba con negro humor Crisp.
 
Aunque el escritor había sido llamado a filas, las autoridades militares prefirieron declararlo inútil para al servicio militar. Las razones habían sido su indisimulada homosexualidad y su aspecto exterior, más semejante al de una mujer que al de un hombre, por su tendencia a vestir con zapatos de tacón, pamela, uñas largas y pintadas, pañuelos en el cuello, carmín en los labios y colorete.

Quentin Crisp en 1978. Getty Images.

“Mi existencia misma era ilegal”, recordaba Crisp en referencia a las leyes británicas que perseguían la homosexualidad hasta bien entrados los años 60 y que el escritor había decidido obviar para vivir abiertamente su opción sexual a lo largo y ancho de Inglaterra: "Me di cuenta de que no serviría de nada ser visito como homosexual en el West End, donde el pecado reinaba supremo, o en el Soho, que estaba habitado exclusivamente por marginados de todo tipo, pero el resto de Inglaterra era directamente un país de misiones. Estaba densamente poblado por aborígenes que jamás habían oído hablar de la homosexualidad y que, cuando lo hicieron por primera vez, se asustaron y enfadaron. Fui a trabajar con ellos", recordaba.
 
La esa vocación evangelizadora de Crisp no fue bien aceptada por la sociedad de la época. Además de sufrir el acoso policial, ser detenido y juzgado por su condición de homosexual, Crisp fue objeto de violentos ataques e insultos homófobos por ciudadanos anónimos, incapaces de soportar su forma de vestir y maquillarse. "A partir del momento en el que empecé a lucir realmente llamativo, los hombres dejaron de hacerme proposiciones. Me encontraban demasiado arriesgado o de demasiado mal gusto. Pero incluso la idea de que esta pudiera ser mi intención debía quedar eliminada. Empecé a caminar más rápido y aprendí a no mirar a los desconocidos a sus ojos.
 
Frecuentemente me cruzaba fugazmente en la calle con personas que conocía bastante bien. En una ocasión fue mi hermano. Esto estuvo igualmente bien. Iba con una chica que le dijo: ‘¿Has visto eso?’, a lo que él respondió: 'Para ser sincero, ya lo había visto antes”.
 
Después de décadas de malvivir y frecuentar los barrios más marginales de la capital inglesa, la publicación de El funcionario desnudo y su posterior adaptación a la televisión convirtieron a Quentin Crisp en una celebridad. Brillante, ingenioso y divertido, comenzó a colaborar con programas radiofónicos, revistas, periódicos e incluso escribió y protagonizó espectáculos unipersonales en los que hablaba con humor de su azarosa vida.
 

Animado por ese éxito y casi septuagenario, Crisp decidió radicarse en Estados Unidos, para lo cual no le quedó más remedio que solicitar un visado y volver a enfrentarse a la homofobia que había marcado su vida en Inglaterra. “Fui a la embajada en Grosvenor Square y el funcionario me preguntó: ‘¿Es usted homosexual practicante?’.
 
Le respondí que no practicaba, que ya era experto. El hombre se cubrió la cara con las manos", recordaba el propio Crisp que, al llegar a Nueva York, alquiló una habitación en una casa compartida que, siguiendo la costumbre adquirida en Londres, nunca limpiaba porque había comprobado que "después de los primeros cuatro años, la suciedad ya no sigue empeorando”.
 
Aficionado al teléfono como forma de comunicación, su número, tanto en Londres como en Nueva York, siempre estuvo en la guía para que cualquiera pudiera llamarle. Además de conversar durante horas con desconocidos, Crisp solía quedar a cenar con aquellos que le telefoneaban cambiando el coste de la comida por una velada amena y divertida, que algunos de los afortunados calificaron como “el mejor espectáculo que se puede disfrutar hoy en día en Nueva York”.
 
Su fama en la Gran Manzana llegó a ser tal que, en sus últimos años de vida, Crisp fue objeto de entrevistas, documentales, fue citado por Warhol en sus diarios, Sting le dedicó el tema Englishman in New York y sus fiestas de cumpleaños se convirtieron en una cita que concentraba al quien es quien de la ciudad.
 
A su noventa aniversario, por ejemplo, acudieron, entre otros, Kate Pierson de los B-52, el editor de Vogue Hamish Bowles y John Waters. El realizador de Pink Flamingos, había conocido a Crisp en Londres después de buscar su número en el listín telefónico y llamarlo. Crisp le invitó a tomar el té en su casa. “Tuvimos una tarde encantadora —comentaba Waters a The New York Times—. Desafortunadamente, no lo recuerda”.
 
Graciasss/www.revistavanityfair.es/mi-existencia-misma-era-ilegal-quentin-crisp-el-brillante-artista-que-desafio-a-toda-una-epoca-con-su-manera-de-ser



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