"LA
EXPERIENCIA DE PEZZONI CON LA TRADUCCIÓN COMO
SEDUCCIÓN"
Al trabajar para Victoria Ocampo, Pezzoni acepta una tarea que él describe como “seductora”; el hecho de que mencione explícitamente para quién era la traducción lleva a preguntarse si no fue solo la obra que debía ser traducida sino la relación con Ocampo lo que ejerció una atracción tan seductora sobre él. La mirada de Pezzoni acerca de la traducción, sin embargo, se extiende mucho más allá de Ocampo y Malraux; Pezzoni cree que todos somos traductores, y ofrece un comentario potencial sobre los límites del espacio traducible al incluir en él todos los espacios reales e imaginarios que uno habita, pasado, presente y futuro.
En una memoria que se rehúsa a serlo, que es antimemoria, la traducción actúa en lugar de la historia: no solo trabaja activamente para descubrir lo antes desconocido, sino que también reescribe lo comúnmente conocido, entendido demasiado bien según su original y las interpretaciones que se alejan de él. La experiencia de Pezzoni con la traducción como seducción lleva a estas preguntas: ¿cuál es la relación entre traducción literaria y sexualidad? ¿Es posible explorar en proyectos de traducción los derechos, las políticas, las ficciones personales e incluso los silencios de aquellos que emprenden esta tarea de representación literaria entre culturas?
Pezzoni fue el reconocido traductor al español de obras como Moby Dick de Melville y Lolita de Nabokov. La traducción de esta última, sin embargo, fue publicada bajo el seudónimo de Enrique Tejedor. Vale la pena resaltar la metáfora que el nombre falso sugiere, la de la traducción como tejido: ya sea la conocida “tela” en la forma del “texto” literario, el “velo” orientalista del anonimato o, como Pezzoni lo expresa, “ser en y por el texto”, que, en últimas, prueba ser una forma transparente de autobiografía también, como parte de una red de conexiones literarias, expandiéndose continuamente como una telaraña, que el acto de la traducción apenas ha comenzado a sugerir.
Su versión de Lolita, una de las traducciones más controversiales de la Argentina del siglo XX, fue censurada en primer lugar por el gobierno debido a la temática sexual; este acto se convirtió en ímpetu para protestas en la prensa argentina que, eventualmente, permitieron que la obra fuera publicada.1 La elección del seudónimo tiene aún más significado: el del traductor que se disfraza para trabajar en un clima cultural a menudo hostil hacia sus decisiones profesionales.
Además, es apenas necesario mencionar hoy que Pezzoni era homosexual, así como el otro editor en jefe de Sur, José Bianco; en general es conocido actualmente que ambos fueron amantes en algún momento.
1 Véase “El caso Lolita”, en el que intelectuales argentinos –Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, H. A. Murena, Eduardo Mallea y Enrique Pezzoni, entre otros– responden al decreto municipal que juzgaba la versión en español de Lolita como “inmoral” (Ocampo et ál).
Su sexualidad es rara vez mencionada en las discusiones escritas sobre ellos, ya sea como escritores o traductores,2 pero invariablemente referida en discusiones orales. Aunque ninguno de los dos, ni muchos de sus amigos y colegas, decidieron escribir abiertamente al respecto, uno podría preguntarse si hay alguna relación entre su homosexualidad y su actividad como traductores, y lo mismo a propósito de Victoria Ocampo y su secreta vida sexual. ¿Pueden los actos de editar una revista y de traducir, publicar y difundir a escritores extranjeros ser mecanismos de autoseparación y discreción en los que la propia voz es aplazada o relegada al margen, mecanismos por los cuales esa voz habla con más fuerza a través de las voces de otros?
En resumen, ¿es posible hablar de la traducción como un clóset? ¿Hasta qué punto puede ser considerada Sur como un clóset literario para escritores y traductores, sin importar las divergentes identidades sexuales de quienes estuvieron asociados a ella? A pesar del creciente interés en cuestiones de traducción y de género desde las décadas de los ochenta y noventa hasta la actualidad, la relación entre traducción y sexualidad, y específicamente aquellas formas de sexualidad consideradas por lo común más allá de los límites de la normatividad, ha recibido relativamente menos atención en el campo de los estudios de traducción.
2 Para un ejemplo de trabajo sobre los traductores de Sur, que, sorprendentemente, opta por no tratar el tema del género y la sexualidad, véase Willson.
FRAGMENTO de El clóset del traductor: la edición de sexualidades en la cultura literaria argentina de Christopher Larkosh
PORTADA: Enrique
Pezzoni, Francis Korn, Silvina Ocampo y Bioy, retratados por Marta Bioy en la
estancia de Pardo, a fines de los 70.
Graciasss/www.redalyc.org/pdf
Comentarios
Publicar un comentario