EL TRANSFORMISMO DE HERVÉ GUIBERT

«A NADIE»
 
El escritor francés, a medio camino entre la autobiografía y la novela, despliega su pose de «enfant terrible» en esta diatriba contra sus padres
 
Portada: Hervé Guibert: 'Autorretrato' (1976)
 
Jaime G. Mora
10/03/2020
 
Escritor, periodista, fotógrafo, cineasta, incluso pintor en la fase final de su vida; la intensa carrera del francés Hervé Guibert (Saint-Cloud, 1955; Clamart, 1991) quedó truncada a los 36 años, cuando murió víctima del sida. Cayó enfermo en 1988, pero aquella condena a muerte no silenció su ardor creativo. Al contrario. Acostumbrado a hacer de su vida un artificio literario −en sus novelas navegaba en la ambigüedad de mezclar su vida propia con la ficción−, fue uno de los primeros artistas famosos en revelar públicamente su enfermedad. Lo hizo en un libro, claro.
 
«Al amigo que no me salvó la vida» fue el primer título de una trilogía en la que fue describiendo el proceso de su agonía. «Sí, mi novela es la historia del sida, del tiempo de la incubación, de la enfermedad y de los años ochenta… –escribió–. Hay en este libro una actitud agresiva, violenta, virulenta…». Guibert también filmó su deterioro físico con una cámara doméstica y se decidió por fin a exponer su obra fotográfica, después de años manteniéndola en un segundo plano para que no interfiriera en su labor de crítico.
 
Este arrebato final, no obstante, no debería sepultar todo el talento que atesoró durante su juventud. Una docena de novelas, a las que habría que sumar otro puñado de adaptaciones teatrales y antologías de sus artículos periodísticos, conforman la trayectoria literaria de Guibert antes del sida. Porque fue en la escritura donde el autor francés se desenvolvió con más pericia. « Mis padres » (Cabaret Voltaire, 2020), publicado en 1986, quizá sea el libro que mejor defina su actitud ante la novela.
 
En él despliega esa pose de «enfant terrible» fascinado por la idea del suicidio y evoca su despertar intelectual y el descubrimiento de su homosexualidad durante una adolescencia enfrentada a sus padres. En la dedicatoria escribirá «A nadie», y en las primeras páginas avanza un libro rencoroso, rabioso, cuando descubre que su hermana es en realidad su hermanastra, hija del párroco, y que su padre, un miserable chantajista, ha dejado en Niza a otro hijo. «Adoro la infamia», anticipa, pero en las últimas líneas dirá que «por supuesto», el odio de la dedicatoria del libro es «ficticio».
 
Lo que en realidad Guibert propone es un sugerente juego literario en el que es imposible discernir si sus recuerdos son ciertos ni si las páginas del diario que reproduce en la segunda mitad de la novela realmente las escribió. ¿Acaso importa? Guibert dirige su inquina hacia sus padres porque por momentos no aceptan que sea homosexual: «Alguien anónimo ha llamado por teléfono para decir que su hijo es maricón. No puede seguir viviendo con semejante deshonra».
 
Pero lo que late en el fondo del autor es un fuerte deseo de protección y de aceptación. Por eso se emociona cuando su padre le pregunta qué está escribiendo y pone en su boca un «¿Cómo no va a gustarme lo que escribes si es la voz de mi sangre?». O cuando le hace decir: «Estás guapísimo esta noche. La mejor noticia para mí es que no sufras». Melancólico y doliente, dotado de una sensibilidad exquisita, Guibert supo plasmar su sufrimiento vital con una sencillez embriagadora.
 
Hervé Guibert,
Mis padres,
Trad. Delfín Gómez Marcos.
Cabaret Voltaire,
2020.
210 páginas.
 
Graciasss/www.abc.es/cultura/transformismo-herve-guibert
 

HERVÉ GUIBERT, LA TIERRA SALVAJE DEL HOGAR
 
Con el autor francés, fallecido en 1991, la autoficción de las últimas décadas nace, se reproduce, se desmorona y finalmente se disuelve. En ‘Mis padres’ escribe sobre sus orígenes familiares
 
Por Jesús Ferrero
15/nov/2020

Portada: El escritor Hervé Guibert, retratado en septiembre de 1988 en París.
 
En la adolescencia se enamora de Terence Stamp, el ángel desestabilizador de Teorema de Pasolini. “Me pierden los asesinos”, confiesa. Sufrió tanto la violencia de sus padres como su amor, y prometió arrancarles los cabellos cuando estuviesen muertos. Una noche se masturba furtivamente mientras escucha a su madre, que le habla desde el camarote adjunto al suyo del barco del padre. Otra noche, presidida por la fiebre y la locura, le suplica un beso en la boca a su progenitora, que huye aterrorizada. Él la sigue entre las sombras.
 
No vuelve en sí hasta que no se mira al espejo y redescubre su propia imagen. La secuencia condensa en sí misma toda la historia de Edipo y el psicoanálisis. Sus relaciones con su madre estremecen a veces, pero es más interesante el vínculo con el padre, con el que mantiene, sobre todo en la infancia, una relación que sin ser sexual es muy táctil y muy carnal, además de sorprendente. Cada cultura establece una gramática familiar diferente, y los padres franceses tienden a ser relativamente distantes, por eso sorprende.
 
Mis padres, el libro que estamos comentando, parece una exploración de lo que ya dijo Adam Phillips en su momento, que la familia es el laboratorio en el que los niños experimentan los límites de su sexualidad y la de sus padres. Como ya dijera la novelista china Chen Ran, “el hogar es una tierra salvaje”. En ese sentido, nos hallaríamos ante una familia bastante canónica, lo digo para no equivocar al lector, pues solo quiero indicar que nos encontramos ante un texto honesto y audaz, en las antípodas de todos los que dibujan una imagen condescendiente y mistificada del laberinto familiar.
 
Las fuentes narrativas de Mis padres han de buscarse en I remember de Joe Brainard, quizá por primera vez, pues es sabido que I remember es el libro que más ha repercutido en la narrativa contemporánea vinculada al recuerdo. Guibert encadena recuerdos, sin atender demasiado a la linealidad, si bien deteniéndose más en ellos que Brainard.
 
“Mis padres” conforma un díptico fundamental con El hombre que no me salvó la vida. En el primero habla de su amor con T. (Thierry Jouno) y en el segundo de sus relaciones con Michel Foucault. Es común que muchos libros, incluso cuando son buenos, dejen un trazo más bien frágil en la memoria con el paso del tiempo, no me ocurre eso con El amigo que no me salvó la vida. Tengo la impresión de recordarlo bien, porque es una obra desnuda y definitiva sobre una doble agonía: la del autor y la de Foucault, que fue su amante y en muchos aspectos también su maestro.
 
En algún momento la narración adquiere un aire bárbaro y despiadado, cuando refiere peligrosos escarceos sexuales, en plena enfermedad y en plena crisis existencial. Pero lo que más conmueve y a la vez hace pensar, es la dignidad ante la muerte que mostró Foucault, cuando ya supo que estaba sentenciado y lo ingresaron en el hospital de la Pitié-Salpêtrière, tan mentado en la Historia de la locura, por haber sido antes un manicomio.
 
Ahí el escéptico Foucault vio la extraña geometría del destino, según dijo a sus allegados. Una geometría que se teje y se desteje en las profundidades del subconsciente más que en la zona esclarecida de la conciencia.
 
La escritura de Guibert es minimalista y aspira a la limpieza formal, huyendo del barroquismo tanto en los conceptos como en la estructura (de hecho Mis padres ni siquiera tiene estructura), y procura no caer en la tentación sentimental. Como le ocurrió a Levé, su obra se diversificó desde sus comienzos, y supo desplegar con bastante solvencia su talento en la novela, los guiones de cine, la fotografía y las adaptaciones teatrales, si bien lo más valioso de su quehacer es su narrativa, anclada en su propia existencia y estrechamente vinculada a su noche personal.
 
Fue generoso hasta la extenuación, e intentó narrar su propia agonía en directo, desde la escritura y el vídeo, sin sucumbir al narcisismo extremo, como creyeron sus enemigos. Guibert quería desenmascarar el sida y disipar las sombras que lo rodeaban, y para eso necesitó mucho valor y mucha voluntad. Dicho de otra manera: deseaba hacer una autopsia física y psicológica de la enfermedad tal como va modificando el cuerpo y oscureciendo la mente. Toda una experiencia límite, tanto desde el punto de vista literario como vivencial.
 
Graciasss/www.elmanana.com/suplementos/dominical/herve-guibert-la-tierra-salvaje-del-hogar/


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