FORMÓ
PARTE DEL LLAMADO THE VIOLET QUILL,
UN GRUPO LITERARIO CONSTITUIDO POR
SIETE
ESCRITORES HOMOSEXUALES
Portada: Edmund
White en 1988. Fotografía: Peter Kevin Solness/Fairfax Media vía Getty Images
Edmund
White abandonó el mundo la pasada tarde del martes 3 de junio, pero sus libros,
extraordinariamente vivos, dejan un legado literario capital, de una
valentía incuestionable, siempre al servicio de los derechos de los
homosexuales y de los grandes movimientos de liberación LGBTIQ+. Pero
del lado del inmenso valor social y político de sus obras, es imprescindible
reivindicar la calidad de su talento como narrador. Edmund White demostró hasta
sus 85 años una vocación creativa infatigable al tiempo que ennoblecía el
paisaje literario, pues su obra expande el grado de representatividad de los
pliegues marginales de la historia. White dio voz a la belleza de la felicidad
de las individualidades homosexuales.
White decidió combatir lo que el sociólogo Didier Eribon enuncia como «la condena inmemorial de la homosexualidad, y en consecuencia, toda la violencia social, cultural, política y jurídica de que los gays son objeto». Pierre Bourdieu ya señalaba décadas antes que el dominado es definido, pensado y hablado por el lenguaje del otro. Didier Eribon lo enfatiza: «para los gays y lesbianas es absolutamente necesario, vital, poder dar de sí mismos sus propias imágenes, a fin de escapar a las que durante tanto tiempo se han creado sobre ellos, y ofrecer de esta forma modelos positivos». Edmund White dio a sus lectores un espacio creativo de enunciación y de acción.
Solo existe lo que se nombra, y una sociedad –el pensamiento es de Michel Foucault– también se define por lo que excluye.
White formó parte del llamado The Violet Quill, un grupo literario constituido por siete escritores homosexuales que se encontraron entre 1980 y 1981 y que unieron fuerzas para lidiar con una industria editorial que a menudo ponía en jaque su trabajo. Además de White, estos escritores eran Andrew Holleran, Robert Ferro, Felice Picano, George Whitmore, Michael Grumley y Christopher Cox. Eran hijos de las revueltas de Stonewall, tan fundacionales, y de ellos, cuatro, Ferro, Whitmore, Grumley y Cox murieron trágicamente durante la Pandemia Mundial del Sida, a los 47, 44, 46 y 41 años.
La literatura de Edmund White adopta la pasión física como un núcleo significante, y esto le coloca en la estela de compañeros de oficio como Hervé Guibert, Doris Lessing, D. H. Lawrence, Genet, Colette, Edna O’Brien, Annie Ernaux, Albert Camus, García Lorca o Anaïs Nin, por citar unos pocos. Juntos, hay escritores que fundan familias misteriosas, alianzas irrenunciables. Son afinidades electivas, sensibilidades que se buscan y que se engarzan. Es legítimo, en aras de alimentar esa cadena de voces, destacar la influencia de White en autores posteriores como Alan Hollinghurst o Édouard Louis.
Nacido en Ohio en 1940, es a menudo reconocido por la trilogía semiautobiográfica compuesta por La historia de un muchacho (1982), La hermosa habitación está vacía (1988) y La sinfonía de los adioses (1997). Les precedían Forgetting Elena (1973) y Nocturnes for the King of Naples (1978), a los que siguieron Skinned Alive: Stories (1995), The Married Man (2000), Fanny: A Fiction (2003), Chaos: A Novella and Stories (2007), Hotel de Dream (2007), Jack Holmes and His Friend (2012), Our Young Man (2016), A Saint from Texas (2020), A Previous Life (2022) y The Humble Lover (2023). A estos títulos se suman numerosos libros de memorias, como los dedicados a sus años en París y las autobiografías My Lives (2005), City Boy (2009), The Unpunished Vice: A Life of Reading (2018) y The Loves of My Life: A Sex Memoir (2025).
Sirvan estas líneas para reivindicar las traducciones y el futuro compromiso editorial (ojalá posible, ojalá pronto) para un autor muy desatendido en castellano. Compuso tres gloriosas biografías dedicadas a Marcel Proust, Arthur Rimbaud y Jean Genet, y merece mención aparte el libro de 1977 El placer del sexo gay (The Joy of Gay Sex, junto a Charles Silverst), además de States of Desire (1980), The Burning Library: Writings on Art, Politics and Sexuality 1969–1993 (1994), Letters (2004) y Sacred Monsters (2011).
Millares de lectores acuden a estas voces como a amigos. En literatura, en toda disciplina artística, la emoción es conocimiento. Edmund White: ¿cómo retener y expresar la riqueza de su obra en pocas palabras, titulares? La historia de la humanidad es también un grito mudo, el rastro de un criminal silencio histórico, todas aquellas personas hechas desaparecer que vivieron al margen de la estructura normativa. Los libros pueden arrojar justicia a este silencio. Los libros fundan mundos. Hacen emerger un territorio emancipado. Las novelas y las memorias de White están repletas de lugares fundadores. Una poética de la diferencia. Una razón de continuidad para la alegría y la libertad.
Cuando en En busca del tiempo perdido se describe la muerte de Bergotte, Marcel Proust emplea una poderosa imagen que podemos hacer nuestra y dedicar a Edmund White: cuando el escritor murió, durante toda la noche, desde las vitrinas iluminadas, sus libros le velaban guardianes, con las alas desplegadas.
Graciasss/www.vozpopuli.com/edmund-white-la-voz-que-puso-belleza-y-lenguaje-al-deseo-silenciado
Novelista, memorialista, crítico literario y biógrafo de Jean Genet y Marcel Proust, deja como legado una de las obras más refinadas de la literatura contemporánea
Daniel Gigena
4 de junio de 2025
Portada: Edmund White en su casa de Nueva York en 2016. Fotografía: Ethan Hill/New York Times
White decidió combatir lo que el sociólogo Didier Eribon enuncia como «la condena inmemorial de la homosexualidad, y en consecuencia, toda la violencia social, cultural, política y jurídica de que los gays son objeto». Pierre Bourdieu ya señalaba décadas antes que el dominado es definido, pensado y hablado por el lenguaje del otro. Didier Eribon lo enfatiza: «para los gays y lesbianas es absolutamente necesario, vital, poder dar de sí mismos sus propias imágenes, a fin de escapar a las que durante tanto tiempo se han creado sobre ellos, y ofrecer de esta forma modelos positivos». Edmund White dio a sus lectores un espacio creativo de enunciación y de acción.
Solo existe lo que se nombra, y una sociedad –el pensamiento es de Michel Foucault– también se define por lo que excluye.
White formó parte del llamado The Violet Quill, un grupo literario constituido por siete escritores homosexuales que se encontraron entre 1980 y 1981 y que unieron fuerzas para lidiar con una industria editorial que a menudo ponía en jaque su trabajo. Además de White, estos escritores eran Andrew Holleran, Robert Ferro, Felice Picano, George Whitmore, Michael Grumley y Christopher Cox. Eran hijos de las revueltas de Stonewall, tan fundacionales, y de ellos, cuatro, Ferro, Whitmore, Grumley y Cox murieron trágicamente durante la Pandemia Mundial del Sida, a los 47, 44, 46 y 41 años.
La literatura de Edmund White adopta la pasión física como un núcleo significante, y esto le coloca en la estela de compañeros de oficio como Hervé Guibert, Doris Lessing, D. H. Lawrence, Genet, Colette, Edna O’Brien, Annie Ernaux, Albert Camus, García Lorca o Anaïs Nin, por citar unos pocos. Juntos, hay escritores que fundan familias misteriosas, alianzas irrenunciables. Son afinidades electivas, sensibilidades que se buscan y que se engarzan. Es legítimo, en aras de alimentar esa cadena de voces, destacar la influencia de White en autores posteriores como Alan Hollinghurst o Édouard Louis.
Nacido en Ohio en 1940, es a menudo reconocido por la trilogía semiautobiográfica compuesta por La historia de un muchacho (1982), La hermosa habitación está vacía (1988) y La sinfonía de los adioses (1997). Les precedían Forgetting Elena (1973) y Nocturnes for the King of Naples (1978), a los que siguieron Skinned Alive: Stories (1995), The Married Man (2000), Fanny: A Fiction (2003), Chaos: A Novella and Stories (2007), Hotel de Dream (2007), Jack Holmes and His Friend (2012), Our Young Man (2016), A Saint from Texas (2020), A Previous Life (2022) y The Humble Lover (2023). A estos títulos se suman numerosos libros de memorias, como los dedicados a sus años en París y las autobiografías My Lives (2005), City Boy (2009), The Unpunished Vice: A Life of Reading (2018) y The Loves of My Life: A Sex Memoir (2025).
Sirvan estas líneas para reivindicar las traducciones y el futuro compromiso editorial (ojalá posible, ojalá pronto) para un autor muy desatendido en castellano. Compuso tres gloriosas biografías dedicadas a Marcel Proust, Arthur Rimbaud y Jean Genet, y merece mención aparte el libro de 1977 El placer del sexo gay (The Joy of Gay Sex, junto a Charles Silverst), además de States of Desire (1980), The Burning Library: Writings on Art, Politics and Sexuality 1969–1993 (1994), Letters (2004) y Sacred Monsters (2011).
Millares de lectores acuden a estas voces como a amigos. En literatura, en toda disciplina artística, la emoción es conocimiento. Edmund White: ¿cómo retener y expresar la riqueza de su obra en pocas palabras, titulares? La historia de la humanidad es también un grito mudo, el rastro de un criminal silencio histórico, todas aquellas personas hechas desaparecer que vivieron al margen de la estructura normativa. Los libros pueden arrojar justicia a este silencio. Los libros fundan mundos. Hacen emerger un territorio emancipado. Las novelas y las memorias de White están repletas de lugares fundadores. Una poética de la diferencia. Una razón de continuidad para la alegría y la libertad.
Cuando en En busca del tiempo perdido se describe la muerte de Bergotte, Marcel Proust emplea una poderosa imagen que podemos hacer nuestra y dedicar a Edmund White: cuando el escritor murió, durante toda la noche, desde las vitrinas iluminadas, sus libros le velaban guardianes, con las alas desplegadas.
Graciasss/www.vozpopuli.com/edmund-white-la-voz-que-puso-belleza-y-lenguaje-al-deseo-silenciado
EL
ESCRITOR Y CRONISTA DE LA VIDA GAY
ESTADOUNIDENSE, EDMUND WHITE
Novelista, memorialista, crítico literario y biógrafo de Jean Genet y Marcel Proust, deja como legado una de las obras más refinadas de la literatura contemporánea
Daniel Gigena
4 de junio de 2025
Portada: Edmund White en su casa de Nueva York en 2016. Fotografía: Ethan Hill/New York Times
Alos 85, murió ayer en la ciudad de Nueva York el escritor, crítico literario, biógrafo y cronista impar de la vida gay estadounidense en el siglo XX, Edmund Valentine White III, más conocido como Edmund White. Había nacido el 13 de enero de 1940 en Cincinatti, pero creció en Evanston, Illinois. Fue autor de novelas, ensayos y de las biografías de los integrantes de la “santísima trinidad” homosexual literaria francesa: Arthur Rimbaud, Marcel Proust y Jean Genet. Su agente, Bill Clegg, confirmó la noticia a la prensa.
“Lo que muere con él es un ambiente estilístico completo -dice el profesor y escritor Daniel Link a LA NACION-. Lo suyo era esa asociación entre la ‘loquez’ y la fineza, en un tiempo en el que ser gay tenía un sentido sin más adjetivos”.
Clásicos de la literatura gay: "Historia de un chico" y "La hermosa habitación está vacía", de Edmund White
La trilogía que conforman Historia de un chico, La hermosa habitación está vacía y La sinfonía de la despedida (esta última aún sin traducción al español) narra en clave ficcional su propia vida, desde la infancia en los años 1950 (cuando la homosexualidad era considerada a la vez una enfermedad mental y un delito), pasando por la revuelta de Stonewall y la liberación sexual, hasta la madurez. Desde 1995 estaba en pareja con el escritor estadounidense Michael Carroll, con el que se casó en 2013.
“La ficción gay anterior a Gore Vidal y Truman Capote se escribía para lectores heterosexuales -dijo White en una entrevista-. Nosotros teníamos en mente a un público gay, y eso marcó la diferencia. No tuvimos que explicar qué era Fire Island [una de las sedes de la comunidad gay]”. En 1982, en una temprana respuesta a la epidemia del sida, cofundó con Larry Kramer, Paul Popham, Lawrence D. Mass y Paul Rapoport la organización Gay Men’s Health Crisis. Se le detectó el virus del VIH en 1984.
“El conversador más amable e ingenioso, a quien el mismísimo Oscar Wilde habría admirado profundamente”, lo despidió en su cuenta de X la escritora estadounidense Joyce Carol Oates. “Leal, generoso, guapo, cariñoso -lo describió el escritor francés Édouard Louis-. Siempre apoyó y animó a los jóvenes escritores como nadie”.
“Fue siempre fiel a sus temas, a su estilo barroco, a sus personajes y a su mundo -destaca el escritor y profesor Eduardo Muslip-. En eso profundizó, sin ceder a tramas complacientes o melodramáticas para el público masivo. White decía que la vida gay se reducía a unos pocos temas, como las estrategias de supervivencia en la infancia y la juventud, la seducción o el drama del sida, que permitían infinitas variaciones, en un sentido musical. Siempre me llamó la atención que no consiguiera un lugar más central”.
Residió en Francia entre 1983 y 1990, donde se hizo amigo del filósofo Michel Foucault y otros intelectuales. Su pasión por la literatura francesa lo llevó a escribir las biografías de Genet (que le valió una nominación al Premio Pulitzer), Proust y Rimbaud.
“Además de novelas y relatos muy influyentes, White escribió las biografías de Rimbaud, Proust y Genet, este último un monumental volumen de mil páginas -observa el investigador en literatura Lgbtiq+ Jorge Luis Peralta-. Fue también un cronista excepcional, como se puede ver en Estados del deseo, y un gran autobiógrafo; la más reciente de sus memorias, The Loves of My Life. A Sex Memoir, se publicó a principios de año. No solo recuperó a los escritores que lo habían influido, sino que además trabó amistad con autores más jóvenes como Édouard Louis, Garth Greenwell o Brandon Taylor. En ese sentido, se puede afirmar que fue una especie de ‘faro marica’ que tendió puentes entre el pasado y el presente, siempre orgulloso de su ‘gaycidad’ y de los placeres eróticos y literarios asociados a ella”.
“Cuando escribí que había tenido sexo a lo largo de los años con tres mil hombres, uno de mis contemporáneos me preguntó apenado: ‘¿Por qué tan pocos?”, contó en una entrevista con The Guardian, tras el lanzamiento de The Loves of My Life. En 2018, había publicado The Unpunished Vice: A Life of Reading, sobre su experiencia como lector.
En la Argentina, algunas de sus novelas y libros de memorias se encuentran en el catálogo de Blatt & Ríos, con traducciones de Ariel Schettini y Mariano López Seoane.
“Se va un gran escritor y un estudioso sin par, ahí está la biografía de Genet para probarlo, pero se va sobre todo un archivo vivo de un mundo que desaparece: el de la cultura gay -dice López Seoane-. No Lgbtiq+, sino gay, que empuja a la liberación a finales de los años sesenta y que tras la crisis del sida, en los ochenta, queda casi sin protagonistas ni testigos. White cargaba en su cuerpo, y en su estilo, un modo de cultivar el placer y el saber, un conocimiento gozoso, propio de una generación atrevida y diezmada”.
Entre otras distinciones, White obtuvo el Premio del Círculo Nacional de Críticos del Libro por Genet, fue condecorado como Oficial de la Orden de las Artes y las Letras en Francia y ganó el Premio PEN/Saul Bellow por sus logros en la ficción estadounidense.
Por Daniel Gigena
Graciasss/www.lanacion.com.ar/a-los-85-anos-murio-el-escritor-y-cronista-de-la-vida-gay-estadounidense-edmund-white/
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