SENTIDOS CIRCULANTES SOBRE SIDA EN LAS REVISTAS CONTRA-CULTURALES

                                     UN ARCHIVO SIDARIO
AGENCIAS DESDE LAS CONTRACULTURAS SEXUALES                                                                       (ARGENTINA 1985-1994)
 
Un archivo sidario
Agencias desde las contraculturas sexuales
(Argentina 1985-1994),
Natalia Cocciarini,
EDULP,
La Plata,
2025
 
CAPÍTULO 3
 
Sentidos circulantes sobre sida en las revistas contra-culturales
 
Previamente hemos recorrido materiales asociados a un proceso de progresiva institucionalización del activismo gay argentino desde el contexto de la posdictadura. Relevar producciones en torno a la irrupción del vih-sida en Argentina, en el circuito de activismo sexo-disidente en Buenos Aires, supone, necesariamente, rescatar experiencias de elaboración crítica que se dieron de manera más inorgánica.
 
Nos centraremos, entonces, en “los usos desviados” que han producido otras plataformas de activación frente a los imaginarios heteronormados de la política187.
 
187 Cuello, Nicolás y Lemus, Francisco. “‘De cómo ser una verdadera loca’. Grupo de Acción Gay y la revista Sodoma como geografías ficcionales de la utopía marica” en Badebec - VOL. 6 N° 11 (septiembre 2016) https://revista.badebec.org/index.php/badebec/article/view/222, pág. 251. En el capítulo previo hemos visto cómo, dentro de las propias políticas editoriales de las publicaciones de la CHA, aparecen algunas grietas en relación a la política sexual y la constitución identitaria gay. No obstante, usamos los términos de Cuello y Lemus según los cuales los procesos de institucionalización y burocratización del activismo se inscribieron en lógicas heteronormadas de la política porque entendemos que están refiriendo al modelo que se hizo preponderar en relación a la estilización de la “identidad gay” en función del cual se construyeron agrupaciones tendientes al oenegeísmo liberal, en diálogo con la contextual política partidaria. A los fines de aligerar las notas, las siguientes referencias a este artículo se harán con el número de página entre paréntesis.
 
En “‘De cómo ser una verdadera. Grupo de Acción Gay y la revista Sodoma como geografías ficcionales de la utopía marica”, Nicolás Cuello y Francisco Lemus reconstruyen cómo ese contexto propiciado por la apertura democrática posibilitó re-encauzar las líneas de una genealogía de activismo sexopolítico iniciado a finales de los años sesenta y que había puesto en jaque la matriz heteronormada de la acción política revolucionaria, obligado a su interrupción por el aparato represivo dictatorial.
 
Ponderan que, mientras durante la posdictadura algunos activistas mantuvieron complicidades estratégicas y adscripciones fluctuantes con la izquierda -que habían postergado las reivindicaciones político-sexuales, entendidas muchas veces como “luchas parciales” en preponderancia de una lucha partidaria unívoca-, paralelamente se generan de manera acelerada nuevas imágenes para la construcción de horizontes políticos diferenciales. Comienzan a formularse otras estrategias de activación más autónomas “capaces de insertarse en las relaciones de fuerza a través de fugas y alianzas micropolíticas entre grupos feministas, gais y travestis, organizaciones de derechos humanos –como Madres de Plaza de Mayo–, movimientos contraculturales y espacios vinculados a la experimentación artística” (pág. 254).
 
En torno al activismo del Grupo de Acción Gay (en adelante G.A.G.), los autores develan las condiciones de posibilidad de esa diferenciación: en torno a la herencia de las experiencias nucleadas en el FLH; la vuelta de intelectuales y militantes exiliados; la formación en lecturas de Foucault, Deleuze y Guattari y la irrupción de autores inscriptos en ese posestructuralismo; y la aparición de redacciones independientes contraculturales (nos centramos abajo sobre este punto).
 
De modo que, a través del montaje de imágenes de la cultura masas188, la política del G.A.G. se distancia no sólo de los modos tradicionales de la política partidaria vigente, sino también de las lógicas permeadas de liberalismo de algunas agrupaciones de gays y lesbianas (pág. 258), y desplegaron dinámicas de subjetivación y prácticas de expresión deseante, apostando por una desobediencia de los cuerpos fuera de las prescripciones regulativas trazadas por las identidades normalizadas, dirimiendo debates en torno a la conformación de la “identidad gay” desde una resistencia frente a los discursos liberales docilizantes y domesticadores de los placeres subterráneos, de tendencia global (pág. 273).
 
188 Los autores reconocen que se han instrumentado herramientas tanto de la mercadotecnia estadounidense, como las contra hegemónicas entre las que enumeran cómics, fanzines, el circuito editorial pornográfico, la gestación de espacios de sociabilidad disidente y formas de escrituras que trabajaron en la intersección estilística de la contra-comunicación activista, el neobarroco de trinchera de Néstor Perlongher, las lecturas posestructuralistas y las revistas contraculturales. Ídem, pág. 271. Construyen la noción de “montajes maricas” para poder pensar esa manera diferencial de sus aproximaciones al orden semiótico sexual de producción de los cuerpos: “las formas, temas y metodologías expresivas de comportamiento que ponen en relieve modos singulares de apropiación de los desarrollos culturales emergentes (Rauning) en el paisaje técnico, político-cultural y socio sexual de la transición democrática argentina. Estos lenguajes proponen formas de identificación y desidentificación político-afectiva con imágenes de época tramando estrategias dislocadas de canibalización, rapto, ruptura, fragmentación, yuxtaposición, de la ‘cultura gay’ y su incipiente normalización, constituyéndose como complejos dispositivos desobedientes de los modos en el que el neoliberalismo produce técnicamente una norma sobre las cosas, los cuerpos, la sexualidad y las sociabilidades”, pág. 272.
 
En esa hipótesis, las redacciones independientes contraculturales, como lugar de acogimiento de una mirada crítica como fueron El Porteño (1982-1993), Cerdos y Peces (1984- 1998/2004) (pág. 253) y a la que aquí sumaremos Fin de Siglo (1987-1988), aparecen reconocidas por los autores nada menos que como una de las condiciones de posibilidad para la producción de subjetivación deseante y contra-normativa. De este modo, ellas se constituyen como lo que consideramos un dispositivo de circulación en el que podemos relevar materiales/producciones sobre sida, rastrear los términos en que se aborda y el modo en que se politizan la sexualidad y el placer sexual en relación con él.
 
El Porteño fue creada por Gabriel Levinas en 1982. A la luz de Javier Gasparri, analizándola en los sentidos específicos de los años 80 argentinos, esta fue una inclasificable publicación periodística de amplia llegada -sin ser masiva- que, a juzgar por el relevamiento y tratamiento de temas, podría aproximarse a una perspectiva entre under y contracul tural189. En lo específico que nos convoca, Mariana Cerviño la señala como “uno de los espacios del campo intelectual donde el movimiento activista en torno a la sexualidad y otras corrientes culturales y artísticas alternativas encontraron una vía de visibilización190.
 
En el N° 20 de agosto de 1983, dentro de El Porteño comenzó a publicarse Cerdos y Peces191, como suplemento “marginolioento”, cuyo jefe de redacción era Enrique Symns. Fue una publicación que, en tiempos de transición democrática, buscaba recuperar espacios de expresión que, mediante constante cinismo y afán polémico y provocador, apuntaba a sacudir la apatía y minar tabúes de la moral argentina o exponer aquello que la sociedad media había desechado o escondido bajo la alfombra. Tal como lo describe Rosana di Francesco, la revista rescatará lo residual y lo marginal, transitando por pasajes propios de la época con contenidos transgresores que buscaban exponer lo feo, lo malo, lo contrario, lo disidente, con una perspectiva apologética de todo ello192.
 
En un trabajo de reseña, Soledad López indica que, jugando con los difusos límites de incorrección política, “la revista construyó un relato estetizado de la marginalidad, la diversificación de los placeres sexuales y el uso recreativo de drogas” -asociados al tratamiento y la impronta que cada miembro del plantel de redactores le imprimía a un respectivo tema-.
 
189 Gasparri, Javier (2016); “Todas teñidas del mismo tono zanahoria”: Perlongher y la CHA. Libro de Actas III Coloquio Internacional Saberes contemporáneos desde la diversidad sexual: teoría, crítica, praxis, Rosario, Programa Universitario de Diversidad Sexual, UNR. Disponible en: https://puds.unr.edu.ar/wp-content/uploads/2013/03/Todas-te%C3%B1idas-del-mismo-tono-zanahoria-Perlongher-y-la-CHA.pdf
190 Cerviño, Mariana (2013); “Jorge Gumier Maier y Marcelo Pombo. Activistasgays en el campo artístico de Buenos Aires” en Sexualidad, salud y sociedad. Revista Latinoamericana. N° 14, pág. 98.
191 A partir de abril de 1984 comenzó a existir de manera independiente con nueva numeración. La revista se publicó de manera discontinua hasta 1998 y luego dos números en 2004.
192 Di Francesco, Rosana; “Cerdos&Peces. Una revista para pensar la transgresión en la transición democrática en Argentina” en Palimpsesto, Vol. 10, Nº 17 (enerojunio, 2020), págs. 99-109, Universidad de Santiago de Chile.
 
Con ello buscaban la “renovación de los repertorios culturales almidonados luego de los años de represión y censura”193, con lo cual se constituye en una de las publicaciones culturales más políticas de la década del 80.
 
Di Francesco ubica a Cerdos&Peces como una plataforma que permite pensar la transgresión enunciativa durante la transición democrática. Así, la publicación tendía a cuestionar y exponer los límites de las libertades y garantías -aún en riesgo- del sistema político, tanto como las resistencias persistentes en amplios sectores de la población194. De modo que cumplió un rol preponderante en el proceso de denuncia de la perpetuación de la continuidad represiva y la violencia policial como remanente del proceso dictatorial. La misma autora cataloga la visibilización de esa violencia en artículos sobre las razzias en los bares, con encuestas a los detenidos por su apariencia, su orientación sexual195, o cualquier otro pretexto amparado en figuras pseudolegales196.
 
193 López, Soledad; “La revista política de este sitio inmundo” en Revista de Revistas, número 2, septiembre de 2015. Publicación del Proyecto de Extensión El sur también publica, UNQ, pág. 20.
194 Cerviño, Mariana; “Jorge Gumier Maier y Marcelo Pombo. Activistas gays en el campo artístico de Buenos Aires” en Sexualidad, Salud y Sociedad. Revista Latinoamericana, N° 14, agosto de 2013, pág. 98. Como prueba de esta situación, la autora menciona a las múltiples amenazas recibidas en El Porteño, cuando aún se publicaba allí, lo que finalmente llevó al cierre del suplemento. Como consecuencia de ello comenzó a publicarse como revista desde abril de 1984.
195 Sobre la conjunción de los temas y el tono denuncialista resultan particularmente ilustrativos los artículos de Néstor Perlongher de 1983 cuando la publicación aún era un suplemento de El Porteño. “La represión del homosexual en Argentina”, El porteño, N° 22, Suplemento Cerdos & Peces N° 3, Buenos Aires, octubre 1983, págs. 8-9. “La represión del homosexual en el Proceso”, El porteño, N° 24, Suplemento Cerdos & Peces N° 5, Buenos Aires, diciembre 1983, pág. 16.
Para una reconstrucción arqueológica del primero de estos textos ver Queiroz, Juan; “La represión a los homosexuales en la Argentina. El informe de Néstor Perlongher y la Comisión por los Derechos de la Gente Gayen Moléculas Malucas, octubre de 2021 https://www.moleculasmalucas.com/post/la-represion-a-los-homosexuales-en-la-argentina
196 López, Soledad; “La revista política de este sitio inmundo” en Revista de Revistas, número 2, septiembre de 2015. Publicación del Proyecto de Extensión El sur también publica, UNQ, pág. 21. En esa cruzada entró la solicitada “Por la derogación de los edictos policiales y la averiguación de antecedentes” que la revista impulsó y que contó el apoyo de otras revistas y medios de difusión, así como organismos y reconocidas figuras públicas como Hebe de Bonafini y que, para la autora, funcionó como el puntapié inicial del reconocimiento de las continuidades represivas al interior de la fuerza policial.
 
En estos aspectos, amerita rescatar la figura de Jorge Gumier Maier encarnando ilustrativamente esos entramados descritos, logrando enlazar el circuito de las revistas culturales y el del activismo gay, como dos zonas periféricas de campo cultural de Buenos Aires en el período de la redemocratización197. Desde El Porteño, Gumier Maier estaba publicando de forma regular en una columna centrada en la “problemática gay” como eje organizador, como una perspectiva intelectual para abordar los nuevos debates circulantes en el proceso de transición democrática198. Como resalta López, en esas páginas explicitó “el tipo diferenciado de militancia homosexual que nacía del goce antes que de la organización burocrática”199 (en divergencia con aquellas otras experiencias contemporáneas, como ya hemos explicitado más arriba).
 
197 Cerviño postula que ese enlazamiento desde el que tempranamente Gumier Maier intervino en los debates sobre la transición democrática construyeron una nueva posición en el campo intelectual, que luego trasladaría al campo artístico. Cerviño, Mariana (2013); “Jorge Gumier Maier y Marcelo Pombo. Activistas gays en el campo artístico de Buenos Aires” en Sexualidad, salud y sociedad. Revista Latinoamericana, n° 1.
Al respecto de Jorge Gumier Maier, Francisco Lemus ha indagado en las relaciones político-discursivas trazadas entre la experiencia del Grupo de Acción Gay y el modelo estético y curatorial ideado por él en la Galería de Artes Visuales del Centro Cultural Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Lemus, Francisco; “Retóricas de la pandemia. Derivas y resistencias en torno al arte argentino frente a la crisis del sida”. En caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA), nº 6, 1er semestre 2015, págs. 1-8. Disponible en: http://caiana.caia.org.ar/template/caiana.php?pag=articles/article_2.php&obj=186&vol=6
198 Mariana Cerviño visualiza una serie de problemas que se presentan en ese período que reconoce como de transición en el campo intelectual: la torsión antiautoritaria como la revalorización de los mecanismos de la democracia formal, la fuerte presencia de organismos y discursos de los derechos humanos y la revisión doctrinaria en torno a la crisis de la izquierda. Destaca que Gumier Maier se acercará a ellos desde la problemática -la experiencia- gay. Cerviño, Mariana Eva (2012) “Las revistas culturales como espacios de resistencia en la última dictadura militar argentina. De El Expreso Imaginario a El Porteño, 1976-1983”, especialmente el apartado: El Porteño entre las revistas opositoras, págs. 123-131.
199 López, Soledad; “La revista política de este sitio inmundo”, pág. 20.
 
Si bien algunas de esas figuras que circulaban por los activismos menos organizados, como Jorge Gumier Maier, tendrán a su cargo columnas y/o publicarán de manera más o menos regular en estas revistas, no necesariamente abordan o plantean cuestiones sobre el sida, pero entendemos que la presencia de esas ideas genera un marco editorial en el que inscribirán el tratamiento y un desarrollo discursivo sobre el tema. Recogeremos, entonces, alguno de esos artículos en los que se haya planteado al sida, sin que necesariamente sus autorxs sean lxs arriba mencionadxs.
 
Esos textos son aquellos que permiten relevar los términos circulantes en esas producciones, el modo en que se politiza la sexualidad y el placer sexual en el proceso de emergencia y crisis del sida.
El Porteño: sida en el umbral de dos épocas
 
Es en El Porteño donde el tema irrumpe por primera vez en medios gráficos en el país en septiembre de 1983200. Y también, por segunda vez en mayo de 1985 con una nota en la sección sobre salud, de Daniel Molina. Tal como ya lo hemos citado para introducir este recorrido, en aquella nota Molina sentencia que “la misteriosa enfermedad” ya se había instalado en Argentina cobrándose decenas de vidas201. Un texto que de algún modo inaugura y a la vez condensa líneas de tratamiento del tema, que luego serán retomadas constantemente.
 
Molina hablaba del sida como lo que ya era una epidemia que acechaba nuestra región en la propagación del contagio internacional, y ubicaba tempranamente las consecuencias de su asociación con la (homo)sexualidad, el prejuicio y el silencio en la búsqueda y el acceso a la información.
 
200 La revista reivindicará este gesto inaugural en su historización de los 100 números de la revista. “100” en El Porteño, N° 100 abril de 1990, págs. 35-37.
201 Molina, Daniel; “Llegó el SIDA” en El Porteño, N° 41, mayo de 1985, págs. 36, 37 y 39.
 
El texto posiciona datos científicos, delinea la mitificación en torno a los grupos y factores de riesgos (entre lo que privilegia homosexualidad y promiscuidad respectivamente) y, de manera fundamental (a nuestros intereses), produce un hilvanado narrativo entre la dificultad para encontrar explicaciones médicas -por su pretensión homogeneizante- y el posicionamiento moralizante de dicho discurso según el cual el sida se asimila al cáncer.
 
Se refiere al hecho de que jugaría en ella cierta predisposición psicológica, como una enfermedad con un “factor autopunitivo y masoquista que le permitiría al enfermo entrar en armonía con su medio: una sociedad en crisis”. El autor usa citas textuales de los “especialistas” para los cuales el sida viene a advertir respecto de los desbordes de la sexualidad, que ha llegado a literalizar la metáfora de la alianza de la muerte con el erotismo y que, por tanto, trae consigo el desafío de pensar a los hombres como seres culturales.
 
Sobre la expansión “geométrica” que irradia al sida desde el norte, Molina sitúa puntualmente la situación de Brasil, diagnosticada epidemiológicamente como “una provincia argentina” en torno a la internacionalización del contagio y agregando el dato, según las mismas estadísticas, de que “el 80 por ciento de los homosexuales argentinos de clase media ha estado en Brasil”. Significativamente, la nota de Molina está seguida -complementada- por una de Néstor Perlongher titulada “El fantasma del SIDA”202; anticipo no anunciado del libro que publicaría en Brasil en 1987 y al año siguiente en Argentina con el mismo título203.
 
Perlongher repite la lógica de Molina de irradiación norte-sur puntualizando particularidades en la tríada San Francisco - Brasil - Argentina. Interpreta el funcionamiento del sida como dispositivo de normalización, que trasciende el pánico individual y el efecto disciplinante personal para proyectarse sobre la “comunidad gay”204, reconociendo la particular mecánica introducida en “sus voceros, los activistas gays”.
 
202 Néstor Perlongher, “El fantasma del SIDA” en El Porteño, N° 41, mayo de 1985, pág. 38.
Francisco Lemus interpreta el diálogo entre los títulos de las notas como un juego en el que se presenta una verdad absoluta -el sida había llegado- y, al mismo tiempo, una incertidumbre -el sida aún poseía carácter fantasmal-. Lemus, Francisco; “Llegó el sida”, El lugar sin límites. Revista de Estudios y Políticas de Género, vol. 2, núm. 4, 2020. Disponible en: https://revistas.untref.edu.ar/index.php/ellugar/article/view/790 203 Sobre el libro ver Gasparri, Javier (2017); “Néstor Perlongher”, por una política sexual, Capítulo 3 “Perlongher en la trinchera: sexualidad y saber”. Sobre otras derivas epocales sobre la metáfora del fantasma ver Iriarte, Ignacio (2021); “Retóricas del sida. La Guerra Fría, Perlongher, la enfermedad y las computadoras” en Irina Garbatzky, I.; Gasparri, J. (coord.) Nuestros años ochenta, Rosario, HyA Ediciones; Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria-CETyCLI, págs. 113-142.
 
Es este un nuevo giro de la alianza estructural entre el dispositivo de la sexualidad y la medicina -y su hermana la ciencia social- en torno a la patologización homosexual y, ahora (luego de un período de contestación revolucionaria por la cual la homosexualidad habría entrado en un proceso de reconocimiento y reterritorialización), de la promiscuidad. Su mirada etnográfica sobre la territorialidad urbana le habilita la pregunta sobre los cambios que se producen sobre las prácticas sexuales de toda una población. Se infiere el tono crítico de Perlongher en concebir como avance de la libertad homosexual la formación y conquista de ciertos espacios de circulación-consumo erótico (en Brasil y metrópolis europeas), pero le sirven para medir el efecto del dispositivo sida: ha venido a poner un coto a los espacios orgiásticos o de vida (tal como él los homologa).
 
Las puntualizaciones de Perlongher se amplían en el número siguiente, en una entrevista pertinentemente titulada “El espacio de la orgía”205 que Osvaldo Baigorria le realiza en ocasión de una visita fugaz a Argentina, para el suplemento Cerdos&Peces en el que el escritor se explaya sobre la idea de mecanismo confesionario-disciplinante. Con coherente lógica foucaultiana, lo que plantea es que no se trata sencillamente de la abstinencia -homóloga a la represión- sino de un proceso de monogamización y familiarización de los perversos (todas aquellas relaciones y prácticas que no pueden ser dichas, y que alcanzan a la heterosexualidad). A la entrevista le sigue, de manera inmediata en el mismo suplemento, una nota de Baigorria bajo la alerta
 
204 El encomillado es de él.
205 Osvaldo Baigorria: “El espacio de la orgía -Una conversación con Néstor
Perlongher-”. Suplemento Cerdos & Peces. N° 17, julio de 1985, págs. 4-6, incluido en El Porteño, N° 43.
 
“Ahí viene la plaga”206 en la que, a propuesta de un tour por los ghettos de las infecciones, advierte que “la infección es el precio a pagar por la vida” cuya necesidad de neutralizarlas logrará esterilizarnos y enfriar las almas, en clara alusión a las prácticas deseantes no sólo sexuales.
 
Osvaldo Baigorria; “El espacio de la orgía -Una conversación con Néstor Perlongher-” Suplemento Cerdos & Peces. N° 17. Buenos Aires. Julio 1985: 4- 6.
 
206 Osvaldo Baigorria “Ahí viene la plaga. Un tour por el ghetto de las infecciones”, Suplemento Cerdos & Peces, N° 17, julio 1985, págs. 7-9, incluido en El Porteño, N° 43.
 
Osvaldo Baigorria “Ahí viene la plaga. Un tour por el ghetto de las infecciones” Suplemento Cerdos & Peces. N° 17. Buenos Aires. Julio 1985: 7-9
 
Con estos dos números del primer semestre de 1985, con Molina, Baigorria y Perlongher, el sida queda asumido, entonces, como acontecimiento, como aquello que con su irrupción trastoca la temporalidad y desajusta al saber científico, a la política sexual y a la sociabilidad; y con lo que se espera una redefinición: de las prácticas (homo) sexuales y las lógicas relacionales del deseo y las afectividades.
 
En adelante, el tema aparece en notas y columnas de distinta índole para sumar argumentos de lxs escritorxs cuando buscan develar mecanismos instrumentados para la cohesión social. Allí, el sida, como el consumo de drogas, aparecen como flagelos sociales. Operan per se, como un organismo exógeno que amenaza con infiltrarse para la putrefacción207; pero también por las prácticas asociadas al desborde, que lo tendrán como consecuencia208, y producen disciplinamiento moral209.

 
De modo paralelo, se van publicando artículos específicos que explican hipótesis científicas y que se explayan sobre información infectológica, datos estadísticos y la relación entre las enfermedades venéreas. Van mostrando los distintos modos en que su propagación va impactando en la reacción social en Argentina a partir de develar cómo discursivamente orquesta y reproduce lógicas de exclusión y exculpatorias210. En coherencia con el proyecto editorial de la publicación, el tono siempre es crítico-analítico y por lo general, como operación para la desmitificación sobre las formas en que actuaba el sida, se suman a las notas informativas entrevistas, testimonios, relatos personales o crónicas, reapropiándose del recurso periodístico que utilizan otros medios para, contrariamente a ellos, desmontar las cargas moralizantes y las responsabilidades individuales.
 
207 Jorge Gumier Maier, “Drogas: el carnaval del flagelo” El Porteño, N°58, octubre de 1986, págs. 72-74.
208 “Yerba no hay… hacer el amor”. Apartado de Jorge Gumier Maier, “Solo uno pudo vestir a Eva” en El Porteño, N°60, diciembre de 1986, págs. 44-45.
209 Eduardo Galeano; “El cuerpo como culpa o como fiesta” en El Porteño, N° 66, junio de 1987, págs. 30-31.
210 Miguel Bonasso, “Diario del año del SIDA” en El Porteño, N°47, noviembre de 1985, págs. 30-32.
En el número 64 de abril de 1987 se publica una Investigación Especial sobre SIDA en Argentina, compuesto de artículos que se corren de la discusión moralista orquestada por los medios masivos que evaden atender a la situación de desidia y el entramado socio-económico por el cual “la enfermedad se ensaña particularmente con los que tienen las necesidades básicas insatisfechas”. El segmento se compone del informe de Walter Goobar “Sida en Argentina. Fantasmas de lo nuevo” que trabaja sobre datos técnicos desmitificando el modo en que actúa el virus y su particular incidencia en Argentina. Y con la “Entrevista a un portador de SIDA. ‘Es como ser judío en la época de Hitler’” de Andrea Ferrari en la que se aborda la reacción social sobre los afectados. Se completa con apartados breves sobre la situación de Estados Unidos citados también más abajo. El Porteño, N°64, abril de 1987, págs. 6-12.
 
Durante los primeros años problematizan la relación de la infección y el desarrollo de la enfermedad, no tanto con la sexualidad, sino con la precariedad material de los sectores sociales y las regiones geográficas más vulnerabilizadas y, según prácticas de sociabilidad, cómo se propaga en la población de clase media. En relación con ello, aparecen las críticas a la falta de gestión pública y políticas preventivas, como acción neoliberal y neoconservadora deliberada en Argentina211 y de países con capacidad económica. En especial, Estados Unidos bajo el gobierno de Ronald Reagan212, con “una ideología cuyo credo se reduce a cada uno para sí mismo, sin otro horizonte que el de un economicismo amputado de toda dimensión social, que (necesariamente) debía desembocar en un narcisismo púdico y moralizador”.213
 
211 Horacio Cecchi; “La salud en ruina” en El Porteño, N°69, septiembre de 1987, págs. 24-25.
212 Walter Goobar; “Reagan no tiene SIDA” en El Porteño, N°64, abril de 1987, pág. 9; Eduardo Galeano; “El cuerpo como culpa o como fiesta”, págs. 30-31; Nina Gerassi; “La decadencia del emporio americano” en El Porteño, N° 66, junio de 1987 págs. 32- 34; Rolando Graña; “¿Sin sexo en los 80? Hacia una nueva erótica” en El Porteño, N° 68, agosto de 1987, págs. 4-6.
213 Michel de Praocontal; “La peste de las cuatro H” en El Porteño, N°64, abril de 1987, pág. 13.
En junio de 1989 se publica una nota de Randy Shilts cuando su libro Y la banda siguió tocando ya se había convertido en best seller y lo había proyectado como celebridad internacional y voz autorizada sobre sida. Allí, el periodista atenta contra la espectacularización de la enfermedad y la hipocresía de los medios estadounidenses que, con una falsa preocupación, encubren el desfinanciamiento deliberado de la política oficial en los EE.UU. para enfrentar la epidemia y que él posiciona como denuncia en este artículo. Randy Shilts; “El Best Seller del SIDA. ¿Qué pasa si un mozo gay eyacula en mi ensalada?” en El Porteño, N° 90, junio de 1989, págs. 44-47. En el número de noviembre del mismo año se publica otro artículo sobre experimentos e investigaciones llevados a cabo por Estados Unidos, desde la década del 50 y hasta el presente, para el desarrollo de armas bacteriológicas. Entre las denuncias, el SIDA aparece citado en la voz de un profesor de la Universidad de Utah como argumento empírico sobre el peligro y el impacto sobre la sociedad civil de tener gérmenes patógenos de alta toxicidad en reserva; y que, en modo alguno, permite ser ubicado como un escarceo de la guerra étnica como táctica bélica del Pentágono.
Luis Sabini Fernández “Guerra bacteriológica hoy. Coyotes y Cobayos” en El Porteño, N° 95, noviembre de 1989, págs. 31-33.
 
A razón de lo cual identifican las causas de principales grupos poblacionales afectados -que en el norte global se conoció como 5H-: “los drogadictos intravenosos214, los hemofílicos, los homosexuales, las prostitutas y los grandes sectores de población sumidos en la miseria en África, Haití y Brasil”215. Sobre el fin de la década, el foco se posa sobre nuestro país en relación al proceso de consolidación del modelo neoliberal. En consecuencia, de modo exponencial, desde mediados de 1989, las menciones al sida versan casi exclusivamente sobre el desabastecimiento del sistema de salud público argentino atravesando la mayor crisis desde su existencia, con la complejidad de combinarse con el deterioro del nivel de vida de la población216. En ese marco se mencionan la falta de insumos y el riesgo de prácticas hospitalarias en la reutilización de ellos, el desabastecimiento de las farmacias, la falta de medicamentos, de atención y asistencia.217
 
214 Las menciones sobre sida en relación al consumo de drogas intravenosas aparecen consecutivamente dado que El Porteño se ocupa de abonar al debate sobre la despenalización del consumo de drogas en Argentina. En esas referencias, el sida necesariamente es situado como una de las consecuencias colaterales y, por lo tanto, como argumento para demandar de un tratamiento público sobre la problemática.
Cabe mencionar que, a grandes rasgos, las operaciones discursivas sobre el consumo de drogas y el sida se despliegan de manera similar. Fernando Savater; “¿Por quién galopan los cruzados?” en El Porteño, N° 68, agosto de 1987, págs.64-65, Ricardo Ragendorfer; “El pico” en El Porteño, N° 87, marzo de 1989, págs. 50-52, “Por la despenalización de la droga” en El Porteño N° 129 septiembre de 1992, págs. 4-11.
Cuando publican sobre los efectos sociales del ice en EEUU, el sida aparece mencionado como un condicionante que ha quitado la afición por “picarse” haciendo virar el consumo hacia las drogas para fumar, transformándolo en requerimiento de mercado.
Dean Kuipers; “Si hace crack es… ice” en El Porteño, N° 99, marzo de 1990, págs. 32-34.
Para fines de 1992 anotician sobre la creación del Programa de capacitación en prevención de la drogadicción y el Sida para personal docente y policial de la provincia de Buenos Aires gestionados entre el gobierno provincial y la Universidad del Salvador. Allí se critica e ironiza sobre el completo paralelismo sida y droga y los fundamentos morales y el hecho de que la gestión provincial haya transferido la investigación y prevención a “manos salvadoras”. Fernando García; “Forros” en El Porteño N° 132, diciembre de 1992, pág. 21.
215 Walter Goobar; “Sida en Argentina. Fantasmas de lo nuevo” en El Porteño, N°64, abril de 1987, pág. 7.
216 Patricia Grinberg; “Salud: ma morite” en El Porteño, N° 90 junio de 1989, págs. 38-41.
217 Sobre la malversación de fondos ver “Dólares por espejitos” en El Porteño N° 113, mayo de 1991, pág. 23. El hecho se retoma en julio 1992 en la Sección The Posta Post, “Las agujas y el sida” en El Porteño N° 127, julio de 1992, pág. 24. Otros ejemplos son: Carta de lectores, “Ayuda” en El Porteño N° 103, julio de 1990, pág. 65; “Hablan los sexólogos” en El Porteño N° 117, septiembre de 1991, págs. 64-65; Informe “La puna sitiada”. Apartado “Las razones de los marginados” en El Porteño N° 128, agosto de 1992, págs. 34-36.
 
El Porteño, N°64, abril de 1987
 
Walter Goobar; “Sida en Argentina. Fantasmas de lo nuevo” El Porteño, N°64, abril de 1987, págs. 6-12.
 
En el transcurso de los números aparecen referencias asociadas a artistas, menciones al sida como metáfora o para sumar características de marginalidad a las narraciones218 y, predeciblemente, las alusiones que hacen referentes o figuras de la política y eclesiásticas219. En ese marco general relevado, hay algunas notas específicas, además de las intervenciones inaugurales previamente mencionadas de Daniel Molina, Osvaldo Baigorria y Perlongher que posicionan ideas en relación con nuestro tema de interés.
 
218 “Con lolek comemos todos” en El Porteño N°64 abril de 1987, págs. 46-48; “Caputo y el SIDA angoleño” en El Porteño N° 87, marzo de 1989, pág. 38.
219 “El SIDA llega a dios” en El Porteño, N° 76, abril de 1988, pág. 22; Fabian Echt; “Padre Lombardelo ‘si me tiran unos mangos los agarro’” en El Porteño, N° 78, junio de 1988, págs. 68-69.
 
En agosto de 1987 irrumpe como pregunta lo que había sido un vaticinio punk respecto a si los 80 era la década sin sexo. El artículo de Rolando Graña que se titula con el interrogante recoge conceptualizaciones de Eva Giberti sobre el impacto del sida. Para el autor, esos cimbronazos se proponen como “otra revolución sexual” en la que, lógicamente, los bandos invierten los frentes. El sida produce la deseabilidad de la monogamia sintomáticamente asumida como “protectora de la vida”, un freno a la entrega amorosa por la cual se enhebraban vida y placer, produce distancia, desconfianza y soledad.
 
Frente a ello se supone un camino hacia una nueva erótica, sin tragedia, segura, pero aséptica, mediada por dispositivos tecnológicos que garanticen el aislamiento, con orgasmos divorciados del contacto corporal; comandada por preceptos morales eclesiásticos y conservadores. Sin embargo, como en la liberación de los 60, podría suponerse una contrarrevolución que pasa por la imposibilidad de no informar sobre sexualidad. Se infiere en el autor una confianza respecto de la proliferación de discursos, una oportunidad para librar batallas simbólicas en una sociedad que “nunca alcanzó su doméstica revolución del placer”220.
 
La hipótesis se consolida en diálogo con el artículo siguiente, un texto del filósofo francés Gilles Lipovetsky221, según el cual “el fin del sexo es un montaje de los medios”: la inminente “reformulación libidinal” estimula la imaginación erótica que se sirve de una inventiva multimedial y mediática por la cual la revolución sexual de los 70 sigue por “otras vías menos orientadas socialmente, menos eufóricas”. Lo que con seguridad se desprende de ello es un proceso de continuidad espiralada individualista y liberal, con su condescendiente proceso de sujeción en el aumento del autocontrol en la búsqueda de los placeres222.
 
220 Rolando Graña; “¿Sin sexo en los 80? Hacia una nueva erótica” en El Porteño, N° 68, agosto de 1987, págs. 4-6.
221 Gilles Lipovetsky; “El bajón de eros” en El Porteño, N° 68, agosto de 1987, pág. 7.
222 En ese sentido, y en relación al modelo gubernamental estadounidense, en el N° 81 de septiembre de 1988 se publica un ensayo de Tom Wolfe titulado “Elogio del Siglo XX, Tom Wolfe”. Allí propone que la ética neoconservadora estadounidense, que gobernará en los años sucesivos, es el epílogo del siglo XXI. Ese clima está signado, entre otras cosas, por “el doloroso ocaso de la revolución sexual” que resume, “sin necesidad de ser amplificado” en el SIDA. El Porteño, N° 81, septiembre de 1988, págs. 62-64.
223 Renata Rocco-Cuzzi; “Destape y cautela” en El Porteño, N° 68, agosto de 1987, págs. 8-12.
 
Rolando Graña; “¿Sin sexo en los 80? Hacia una nueva erótica” en El Porteño, N° 68, agosto de 1987, págs. 4-6.
 
La serie, por la cual este es un número que se pregunta en tapa sobre sida y sexo en los 80, se termina de armar con una nota en la cual se retoma la idea de Graña sobre la “incompleta revolución sexual argentina”, frente a lo que la autora construye una genealogía autóctona223. La progresión que supuso en otros países un camino “de la revolución sexual al enigma” se reconfigura en la sociedad argentina como “destape y cautela”. El proceso de sexualización de la cultura y la sociedad argentina después de 1983224 es relativizado por la escritora, pero, independientemente del grado alcanzado, ya estaría en descenso225.
 
Son textos que reconocen que aún se están evaluando las consecuencias del sida; ven indicios contradictorios, incertidumbre, cautela, suponiendo para este 1987 todavía un vaticinio sobre las modificaciones en las prácticas y los hábitos sexuales de la sociedad argentina. Al inicio de 1989226 en un informe sobre el fin del optimismo de la sociedad argentina y el creciente desánimo producto de la situación socio-económica, se citará el informe y la idea textual de Lipovetsky respecto de que “el hedonismo era hot y ahora es clean; tras la joda continúa el momento de la responsabilidad individual”227.
 
224 Modo en que Natalia Milanesio define al destape argentino. El destape. La cultura sexual en la Argentina después de la dictadura, pág. 10.
225 En todos los casos, y en adelante, aparecen datos estadísticos y análisis que intentan captar el grado real de liberalidad en las experiencias sexuales de varones y mujeres argentinas, en distintas franjas etarias, generaciones, etc., sobre el que poder inferir la modificación de conductas sexuales frente al sida.
A modo de ejemplo, en la “Entrevista a Juan Carlos Volnovich ‘La cultura del ACNE’” el médico psicoanalista de niños ubica la diferencia entre jóvenes de distintas clases sociales y la especial incidencia del sida en los más pobres. El Porteño, N° 80, agosto de 1988, págs. 50-51.
En el N° 82 de octubre de 1988, se recoge cierto diagnóstico de Volnovich para ampliar sobre la pauperización de los adolescentes de clase media, entre los que aparece la dificultad de coger “por el fantasma del SIDA”. Patricia Grinberg; “Secundarios. Cinco amonestaciones por bostezo” en El Porteño, N° 82, octubre de 1988, págs. 65-69.
A finales de 1992 se publica un informe sobre la sexualidad de las adolescentes en el que el sida aparece como la principal preocupación entre lxs jóvenes y por el impacto de las campañas publicitarias que durante esos años invistieron un halo de peligro sobre el sexo. Nota de tapa “Adolescentes perversas”, págs. 4-11; “No son tontos I”, pág. 7; “No son tontos II”, págs. 8-9 en El Porteño N° 130, octubre de 1992.
226 Informe “Apagón. Ni luz, no sexo, ni guita”, Ricardo Ragendorfer, Olga Viglieca y Jorge Warley; “Vamonos al barrio, men” en El Porteño N° 86, febrero de 1989, págs. 39-47. La sección general recoge el tópico del número anterior que exponía “los últimos vestigios del optimismo” de la sociedad argentina; aquí profundizan ese ánimo conforme aumenta la temperatura y la desidia. La percepción del fracaso de las promesas de la democracia -sociales, económicas, sexuales- es metaforizada con el apagón (en referencia a la crisis energética), y es relevada a partir de síntomas del humor y el ánimo social, que se ha perdido todo entusiasmo, “hasta las ganas de hacer el amor”. Alegóricamente, el título del segmento sobre el declive depresivo de “la tensión amatoria de los ciudadanos” se titula “Vamonos al barrio, men”.
 

Allí reponen la idea de que el sida produjo las primeras reacciones que supusieron una selección más cuidadosa de las aventuras sexuales, pero que por sí sólo, a más de un año y medio de aquel informe, ello no explica el empobrecimiento de las experiencias sexuales y los vínculos afectivos de lxs argentinxs -más bien es instalada mediáticamente para ser usada como mecanismo de control social-.
 
Los textos de El Porteño, ocupados en pensar el fin de un ciclo histórico, ubican al sida en su cruce con las tendencias críticas del neoliberalismo, en la clausura de una década y en el umbral de una nueva etapa, de nuevos valores y orientaciones, caracterizada por la “militancia yogurt” y la espectacularidad televisiva, en la que los marcos de ordenamiento se dan entre la aldea global y la vuelta a la domesticidad hogareña228. El “apagón” se daba de modo generalizado, y para la nueva década se avizoraba un mapa sexual que se asemejaría más a un “pastiche” que a la consolidación continua de la democratización de las múltiples opciones de vivencias y hábitos sexuales.229
 
227 Ídem, págs. 46-47. El resaltado es original.
228 Claudia Pasquini; “Del monte al helecho” en El Porteño N° 83, noviembre de 1988, págs. 40-41.
229 Sobre la modificación de las conductas heterosexuales a partir del sida, en junio de 1990 publican un informe que ocupa la tapa titulado “Sí al aborto ¿y qué?”. Allí hay un apartado sobre el uso del preservativo en el que se recogen testimonios de varones heterosexuales en los que se explicita que, a diferencia de las estadísticas mundiales y a juzgar por esas experiencias confesas, “la cultura del SIDA no parece ha calado hondo en estos pagos”, poniendo de manifiesto, además, el machismo imperante en
relación a la anticoncepción. Jorge Warley; “Confesiones masculinas ‘los forros son un bajón’” en El Porteño N° 104, agosto de 1990, págs. 10-11.
En una nota sobre adicción sexual el miedo al sida también aparece citado como aquello que ha producido una disminución en las parejas sexuales de homosexuales, pero no entre los varones heterosexuales catalogándose entre las actitudes suicidas por uno de los testimoniantes en relación a su adicción. Sánchez Irene; “Sexoadictos” en El Porteño N° 109 enero de 1991, págs. 33-35.
 
La idea de Lipovetsky será retomada con una nueva publicación del filósofo en septiembre de 1991 en torno a problematizar cuáles son los preceptos morales por los que hay un retorno al ideal de fidelidad230. Nuevamente se explaya: es, en parte, por el agotamiento del ciclo de construcción emancipatoria libidinal de la generación del 68 y de la euforia del presente puro, pero no implica un retorno a la “moral intransigente” sino hacia una idea de fidelidad mientras se ama; la “fidelidad posmoderna” va en pos de una búsqueda intensiva de afectos auténticos -pretendidamente libre de manipulaciones, traiciones o de la sujeción a “la solemnidad de los juramentos”-, trayendo como novedoso y realista la conciencia lúcida de lo provisorio.
 
Y, entre las explicaciones que dan cuenta del fenómeno, vuelve a ubicar el miedo al sida con un papel esencial -no absoluto- para reforzar la tendencia: para Lipovetsky los jóvenes de su presente no viven el sida como una preocupación primordial y la adhesión a la fidelidad no se configura como una adaptación a una situación de extremo peligro. La fidelidad se abraza como reacción a un nuevo aspiracionismo neoliberal -de la funcionalización y capitalización de los esfuerzos y disfrutes-, pero el sida produce una virtud de la necesidad, la de ya “no poder librarse impunemente a las delicias de la versatilidad erótica”.
 
Entre esa línea de ideas que se abre en agosto de 1987 y continúa con los mencionados textos durante 1988 y la referencia de Lipovetsky en septiembre de 1991, aparece una referencia explícita muy sustanciosa para los sentidos que nos interesan. Se trata de fragmentos de un texto de Hervé Guibert en la sección de Literatura, en ocasión de la publicación de À l'ami qui ne m'a pas suavé la vie231. El Porteño, con la exposición de Guibert, se hace eco de lo que, en modo alguno, es el inicio de una tradición literaria a la que él pertenece, en la que autobiografías, novelas, cuentos, obras de teatro, guiones cinematográficos ubican al sida como referencia, ayudando a difundir los estragos de la enfermedad, pero, además, como punto de inflexión y un catalizador para relatar las experiencias con el virus.
 
230 Gilles Lipovetsky, “La fidelidad” en El Porteño N° 117, septiembre de 1991, págs. 32-33.
231 “Hervé Guibert. Un sexo borracho y muerto” en El Porteño N° 102, junio de 1990, págs. 57-59.
 
De Guibert232 seleccionan no fragmentos de la novela recientemente publicada en la que el escritor estaría haciendo pública su seropositividad -y produciendo un cuestionamiento a esa “confesión”-233, sino textos previos que producen un “cruce hardcore entre el sexo y la muerte”. Son cinco monólogos con los que vuelven testigos a lxs lectores del deterioro, la agonía, los efectos de la medicalización, el deseo homosexual, el fin del sexo, las escenas mortuorias de (su) cuerpo del que le sabemos la vida con sida por la bajada que produce El Porteño al introducir el artículo.234
 
232 Sobre los recursos en la escritura de Guibert y sus cruces entre las distintas formas artísticas desde las que produce ver Garrido Rodríguez, Natividad; “Hervé Guibert. Escritura, vida y verdad”, Boletín Millares Carlo, N° 32, 2016, págs. 217-246 y Roussel, Stéphane; “Articles intrépide: le journalisme hybride d’Hervé Guibert” @nalyses. Revue des littératures franco-canadiennes et québécoise, 2012.
233 Para un análisis sobre de su “saga” en torno al sida ver Gasparri, Javier; “El SIDA como espectáculo” en Boletín del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, N° 17, diciembre de 2013, Universidad Nacional de Rosario. Facultad de Humanidades y Artes. Centro de Estudios de Literatura Argentina, págs. 1-13.
234 En unos números posteriores, en el mismo segmento publican una entrevista a Oscar Hermes Villordo en ocasión de la publicación de su última novela El ahijado, evaluada como la versión más “hardcore” dentro de la erótica homosexual argentina que el autor ha ido construyendo desde años previos. Lo que guía la entrevista es el lugar particular que ocupa la figura y el trabajo de Villordo como un hombre de los medios de prensa más importantes del país como La Nación y La Prensa -exponentes de “la más rancia cultura vernácula”- y, a la vez, desarrollando su interés literario. El autor analiza ciertos elementos de los contextos de producción y recepción de su obra, así como los que hicieron permisibles o aceptables sus publicaciones. Entre las preguntas específicas, la entrevistadora indaga sobre la ausencia de sida en su última obra, y el escritor responde que, de haber sido una novela situada contemporáneamente al sida, habría sido ineludible su tratamiento dado que ello “desquició la relación”.
Villordo opina que, si a los norteamericanos parece importarles “un bledo, hacen todo igual”, la sociedad argentina pese a su actitud de “señora gorda”, “tilinga” no es suicida. “Oscar Hermes Villordo. ‘El amor homosexual no interfiere en la especie’” en El Porteño N° 109, enero 1991, págs. 50-51.
 
Nos permitimos cerrar esta serie propuesta con el último texto de Perlongher235 publicado en la revista, sobre el final de 1991, porque si los últimos materiales que hemos estado enfocando ubican al sida entre dos épocas -la liberación de la erótica en un presente puro y una nueva moral (la diagnosticada por Lipovetsky)-, Perlongher nos permite volver sobre las precisiones en relación a la homosexualidad masculina.
 
El escritor se pregunta por la contigüidad entre “la exacerbación desmelenada de los impulsos sexuales” y la muerte en masa por sida. Lo que se piensa como un fin, para Perlongher no es nada más ni nada menos que la preanunciada saturación y declive del dispositivo de sexualidad -y su consecutiva vuelta de tuerca- por el cual la homosexualidad había logrado su salida a la escena pública. Pero, nuevamente, no es un retorno a la castidad.
 
235 Néstor Perlongher, “En los tiempos del SIDA… La desaparición de la
homosexualidad” en El Porteño N° 119, noviembre de 1991, págs. 12-15. Luego haremos mención a “Matan a un marica” publicado en Fin de Siglo en 1988. Allí Perlongher ubicará al sida en la ecuación por la cual enfermedad y asesinatos convergen en los cuerpos homosexuales proyectando un mecanismo disciplinante, de sujeción, “civilizatorio”.
 
Lo que muere es, fundamentalmente, “el festejo de la emergencia a la luz del día, el erotismo de cuerpos para el éxtasis total, aquello orgiástico, amoroso y cósmico que tuviera para la posibilidad de la salida de sí236. Así, aquello que con Lipovetsky se ha entendido como los propios límites de las experiencias del amor libre, Perlongher lo plantea para la revolución sexual de los homosexuales como un proceso de vaciamiento cuando “las locas se fueron volviendo menos locas”; y el SIDA, en cierto lugar contiguo, dio el golpe de gracia. Como para los heterosexuales, reseñado por El Porteño en los informes sobre adicción sexual237, el consumo de prostitución238, el uso de preservativos239 o con el mencionado artículo del análisis del filósofo francés sobre la fidelidad, Perlongher intuye también para los homosexuales la actitud de dejar de tener relaciones sexuales en general, más que “proceder a una sustitución radical de las antiguas prácticas por otras nuevas ‘seguras’, o sea con forro”.
 
Entonces, lo que el sida ha hecho, o lo que con él sobreviene, es la planificación de la sexualidad llevada al máximo; que la homosexualidad se fuera diluyendo -“deshilachándose en un declive casi horizontal”- en la vida social: cediendo a la ofensiva de la normalización240 “que ha conseguido retirar de la homosexualidad todo misterio, banalizarla por completo”.241
 
236 Se está sirviendo de las nociones de Georges Bataille.
237 Sánchez Irene; “Sexoadictos” en El Porteño N° 109, enero de 1991, págs. 33-35.
238 Marta Dillon “Putas. Amar a destajo” (nota de tapa) N° 118, octubre de 1991, págs. 4-7.
239 Jorge Warley; “Confesiones masculinas ´los forros son un bajón´” en El Porteño N° 104, agosto de 1990, págs. 10-11.
240 Perlongher reconoce que tiene a disposición la noción de Deleuze sobre
sociedades de control como sustituyente de la foucaultiana sociedades de disciplina, pero encuentra más explicativo el término para definir al proceso por el cual -prescripción látex mediante, es decir, profundizando la medicalización de la vida social- se reorganizan las prácticas sexuales retirando “de la homosexualidad todo misterio, banalizarla por completo”.
241 Lógicamente, para Perlongher esta es también la oportunidad para develar los fundamentos de la homosexualidad como le ha sido dada a su tiempo, para realizar una crítica a los esencialismos identitarios posicionando el carácter político de la sexualidad. Y entonces también se explaya sobre la idea del integracionismo homosexual potenciado por el sida: para el escritor el estigma los rebalsa porque el escándalo pasa por la muerte en una sociedad altamente medicalizada. Ello redefine, entonces, “las coordenadas de la solidaridad que dejan de ser internas de los entendidos”, alentando a la promoción pública de la homosexualidad a tal punto que “ha acabado favoreciendo cierto modelo de androginia que no pasa necesariamente por la práctica sexual”, pág. 15.
 
Con la “desaparición de la homosexualidad” masculina, lo que deviene es la pérdida del interés en la sexualidad asociada al éxtasis ascendente -su potencial subversivo-, favoreciendo en cambio la búsqueda de “otras formas de reverberación intensiva”.

Lo que sigue en El Porteño sobre el tratamiento del SIDA se vincula, de manera principal, a discusiones sobre los avances técnicos-científicos y la postura denunciante que la revista toma desde los últimos meses de la década del 80 frente al proceso de instauración del modelo socio-económico neoliberal que implicó la retracción del Estado, la privatización y el desfinanciamiento de los servicios públicos -ya mencionado más arriba-. Amerita mencionar que la revista organiza un simulacro de juicio público al Estado por la desidia y la responsabilidad de contagios que se propagaron dentro de los espacios de salud.
 
Entendemos que este es un modo de proclamar que la crisis exponencial del sida -desresponsabilización del gobierno sobre la asistencia privada, estrangulamiento presupuestario de la salud pública- es una crisis de gestión político-pública. Debatiendo en torno a los sentidos de los spots publicitarios de prevención de una campaña que el Ministerio de Salud y Acción Social y en ocasión de la imputaciones al entonces presidente Carlos Menem por los presos con sida y el reconocimiento legal de la CHA en su gira por Estados Unidos242, convocaron a representantes de organizaciones que a modo de querellantes permiten desplegar las aristas y los principales grupos poblaciones que atraviesan a la problemática (mujeres, presos, pobres, adictxs, agentes de pastoral).
 
En relación a las sexualidades no normativas, las voces están representadas por el presidente de la CHA, en proceso de lucha por el negado reconocimiento de su personería jurídica, del que la revista se hace eco243, que posiciona que el modo de abordaje a la problemática del sida en nuestro país debe, necesariamente, darse atendiendo las falencias materiales específicas en torno a la realidad social completa (elaborando una crítica también sobre militantes que pretenden desarrollar acciones preventivas, evangelizando sobre el uso del preservativo, de manera aislada) y que el modo de trabajar con pacientes con sida es concientizando sobre el derecho al acceso a salud, propiciando el agenciamiento -discusión que cruza fuertemente la situación del acceso y consumo del AZT-.
 
242 Sobre esos acontecimientos ver Ferreyra, Marcelo Ernesto y Reiseman, Marcelo. “Una lucha gay lésbica global. La larga saga de la personería jurídica de la CHA” en Moléculas Malucas, julio de 2022. Disponible en: https://www.moleculasmalucas.com/post/una-lucha-gay-lesbica-global
243 Se trata de un dossier sobre nuevas masculinidades que incluye un artículo de Alejandro Zalazar y Rafael Freda, entonces presidente y vicepresidente de la CHA, en el que en ocasión de explicar los argumentos por los cuales se ven en la necesidad de solicitar la personería jurídica de la organización, explican allí que las negativas para el acceso a dicha constitución son parte del entramado sexualidad-poder y el pretendido monolitismo heterosexual como mandato y referencia disciplinante. En esa nota hay una sola mención a “enfermos de SIDA que sufren discriminación” como uno entre los grupos poblacionales que requieren un “proceso de integración” en “la etapa de la construcción de la democracia” y la conquista de libertades y derechos individuales. Alejandro Zalazar, A y Freda, R; “CHA Los homosexuales en la hoguera”, págs. 30-31, del Dossier “Nueva Masculinidad” en El Porteño N° 105, septiembre de 1990. El tema vuelve a aparecer como pregunta en la entrevista a Oscar Hermes Villordo.
244 Stella Bin; “El virus o el alma” en El Porteño N° 131 noviembre de 1992, págs. 46-48.
245 Por ejemplo “El gay rock preocupado” en El Porteño, N°64, abril de 1987, pág. 33. También “Un abuelo picaflor” en Rayos y Centollas en El Porteño, N° 77, mayo de 1988, pág. 58, sobre la muerte de Miguel Abuelo -y la pregunta por su verdadera causa- en marzo de ese año. El Porteño objeta que la prensa no trató la muerte del artista -quizá como oportunidad perdida para visibilizar el tema-, pero en modo alguno se ahorró un espectáculo mediático sensacionalista. Eligen cerrar la reseña con la opinión que diera Andrés Calamaro en ocasión de su muerte como compañero de banda: “Miguel era un picaflor. Hizo de nosotros un ejército erótico dentro y fuera del escenario”. La breve nota está acompañada de una foto que, para El Porteño, fue tomada en el mejor momento de Los Abuelos de la Nada y que ilustra la cita de Calamaro: se ve a los integrantes de la banda con mujeres topless, todxs en una pileta con gestos de carcajadas. Agregan como dato que la misma fue distribuida junto a otro material de prensa a todas las revistas de rock de aquel momento y que, entonces, ninguna se atrevió a publicarla. “Rayos y Centollas, ‘Un abuelo picaflor’” en El Porteño, N° 77, mayo de 1988, pág. 58. En agosto de 1990, en una nota sobre las groupies del rock nacional, se hace mención a que la decadencia del rock y “la paranoia del SIDA” habrían producido un freno en el deseo y las prácticas sexuales de las jóvenes con los rockeros. Allí se vuelve a publicar la foto mencionada con el epígrafe “Los Abuelos de la Nada y amigas: el rock nacional en clave erótica”. Daniel Riera; “Las sacerdotisas del rock. Groupies” en El Porteño, N° 104, agosto de 1990, págs. 44-46.
 
La claridad y efusividad de Zalazar es suscrita por sus compañerxs de panel (y la idea es desarrollada en la revista, casi un año después, por Pedro Cahn cuando se debate sobre si el HIV es el agente etiológico del sida)244.
Como hemos esbozado más arriba, hay muchas otras menciones, en los distintos segmentos de la revista, que ayudan a dar cuenta de la relevancia que el sida tiene para el proyecto editorial que fue El Porteño y que, en modo alguno sirven como termómetro para medir cierto clima de época. Dejamos en anexo todas las referencias en relación a artistas245, a obras de cine, teatro, música, literatura, artes plásticas246 que reseñan y sugieren; pero también los “Dixit” de figuras públicas que con ironía les permiten a sus lectores identificar los niveles de idiotez de las autoridades y los “Hits” con los pretende impedir el olvido de los datos de la desidia.
 
Sida en el Fin de Siglo
 
Algunos de los integrantes de Cerdos y Peces habían colaborado en Fin de Siglo desde sus primeros números, entre los que estaban el propio Jorge Gumier Maier como integrante del Departamento de Arte. Pero cuando Cerdos&Peces sufrió su cierre temporal en septiembre de 1987, sus miembros se incorporaron oficialmente al proyecto de Fin de Siglo247 y produjeron un aporte sustancial a la propuesta cultural de la revista.
 
246 Entre las entradas artísticas de El Porteño, resalta la presentación de Chéri Samba. El Porteño reproduce siete pinturas de una serie en la que se evidencia lo que le interesa poner en escena: “la vida cotidiana del gigantesco país africano, la trepidante Kinshasa moderna que vibra con la música y se desenfrena con el sexo y en la que una de cada diez personas es seropositiva”. Acompaña alguna de ellas con epígrafes descriptivos sobre las escenas humorísticas con la que el artista se burla del frenesí sexual de sus compatriotas, la propagación y el miedo al SIDA, la convivencia en la vía pública de las infancias con la oferta y el consumo de servicios sexuales. “Cheri Samba. Que hacen con los forros usados” por Jordi Esteva en El Porteño, N° 115, julio de 1991, págs. 45-47.
247 Sobre el aporte del equipo de Cerdos&Peces a la consolidación del proyecto editorial de Fin de Siglo ver Roman, Claudia (1997); Revistas literarias de Buenos Aires en los años de la democracia (1983-1993). Informe final de beca UBACyT. Disponible online en: https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2018/07/RomanClaudia-Revistasliterarias1983 1993.pdf
 

La primera nota sobre sida -y la única de tratamiento exclusivo sobre el tema- apareció en la edición N° 11 de mayo de 1988, anunciado en la tapa como “Todos tenemos SIDA”. Se trataba de un artí- culo a cargo de Enrique Symns titulado “La pasión forrada”248. Symns apela a las analogías de las bombas nucleares -bacterias que destruyeron Nagasaki e Hiroshima- para ilustrar cómo el sida es una bomba que, como en 1945, cae para modificar el comportamiento humano.
 
248 Enrique Symns; “La pasión forrada” en Fin de Siglo N° 11, mayo de 1988, págs. 64-67.
 
Una guerra bacteriológica que, ahora sí -derribadas las ficciones de los grupos de riesgos por los cuales se tranquilizaban las buenas conciencias-, se extiende más allá de la zona de exclusión y alcanza a “todos los territorios humanos”. El futuro por el cual estaríamos llegando al fin de nuestras vidas está pregonado como “sin erotismo”: la espontaneidad de los vínculos, los encuentros físicos, el reconocimiento de las tesuras de la piel genital, la promiscuidad. Acompañan ilustraciones de El Marinero Turco. Un rostro perturbado en primera plana como en penumbras, con el ceño fruncido, los ojos en la oscuridad y los dientes apretados; por detrás otro que lo observa, comparten un pensamiento sobre la muerte.
 
Symns recorre algunos hechos y relatos por los cuales el “forro promete convertirse en el objeto mágico de la década”. La segunda ilustración en una cama matrimonial, lógicamente heterosexual, en la que, entre lxs potenciales agentes sexuales media una distancia ocupada por un pensamiento compartido sobre el preservativo. Ahorrando la adscripción al deseo homosexual, amplifica el duelo de las praxis. Cita la verificabilidad empírica que supone Brasil, “ese viejo loco pueblo promiscuo visita los hospitales en pos de la famosa pruebita y se necesita esa especie de carnet de salud para ser aceptado en la cama”. La metáfora de la interrupción del deseo en estado de naturaleza por la llegada del agente externo está ilustrada en imagen de plana casi completa.

Dos cuerpos desnudos, una pareja tomada de la mano saliendo del resguardo de la selva hacia el mar, erguidos en estado de expectación observando el horizonte por donde sobreviene una carabela como apelativo a la propagación o penetración transnacional del virus. Se vaticina un encuentro por el cual la vuelta a los placeres -la selva tropical bañada de mar- no será igual, requerirá de estrategias. Symns pregunta “¿qué vas a hacer después de tu análisis? ¿No hacer el amor nunca más?”.
 
Postula que el miedo paralizante “contradice todo un estilo de vida dedicado a afirmarnos en nuestros actos” y que las conquistas de la libertad sexual pública proyectadas a las futuras generaciones se ven abortadas por lo que se infiere una concepción sobre las praxis sexuales en su dimensión constitutiva de lo político. La nota se había anunciado como una propuesta a danzar el fin de nuestra vida, es la consigna con la que finaliza, como modo de propuesta crítica frente a la profilaxis que coarte los placeres.
 
La idea del disciplinamiento heterosexual se completa con un apartado de Elsa Drucaroff.249 En este caso la autora apela al contraste de los discursos hollywoodenses entre las utopías transformadoras de los 70 y la reinscripción a la institucionalidad familiar de los 80, a la conyugalidad heterosexual monogámica como el mal menor. Con los títulos de películas taquilleras o popularizadas de la década, la autora expone la dimensión fatalista de las pasiones sexuales que, en tanto tal, deben ser postergadas.
 
En los guiones fílmicos el sida es innombrado, pero es apelado como telón de fondo -usando “la amenaza de los datos objetivos para mantenernos prolijamente a raya”-, como el destino inminente al que no hay que llegar y por lo que vale suprimir las posibilidades de resolver las tensiones heterosexuales. La pulsión de los deseos salvajes, que sostienen las narrativas cinematográficas, se redirecciona en pos de la productividad capitalista.
 
Las dos notas desanclan las referencias identitarias por las cuales se cumplirían distintos roles o ficciones en la circulación del sida. El lema “todos tenemos sida” configura una inflexión de sentido solapada en esa buena intención de campaña preventiva.
 
249 Elsa Drucaroff; “El fatal hechizo del SIDA” en Fin de Siglo N° 11, mayo de 1988, pág. 66.
 
Es la amplificación del pánico sexual a “todos los territorios humanos” y no solo entre quienes, como los define Symns, hubieran pertenecido a “los grupos de riesgos marginales que pudieron tranquilizar a las buenas conciencias”. El sida es apelado para hacernos “mirar con sospecha a todo ser deseable”, pero además activa una operación prismática sobre quiénes somos dado que, si “expuesto al deseo eres la víctima, generando deseo eres victimario”.
 

El sida y la homosexualidad aparece en Fin de Siglo con Perlongher en “Matan a una marica”250 en el N° 16 de octubre de 1988. En este caso no para ser tratado como tema central del ensayo, sino para homologar el tratamiento mediático de “las bajas del SIDA” a “la muerte violenta de las locas”251, ambas investidas, dice Perlongher, de “cierto eco de sacrificio, ritual expiatorio”.
 
250 Néstor Perlongher, “Matan a un marica” en Fin de Siglo N°16, octubre de 1988, págs. 20-22.
251 Sobre “la loca” como figura en Perlongher y sus operaciones literarias al respecto ver Giorgi, Gabriel (2005); “Sodoma Buenos Aires” en Sueños de exterminio. Homosexualidad y representación en la literatura argentina contemporánea, Rosario, Beatriz Viterbo Editora.
 
El texto se inscribe desde el perfil más sociológico del autor, con el objetivo de preguntarse por los modos de la violencia anti-homosexual y el lugar en el que converge la correlación de fuerzas en disputa: el ano. Entre muchas cosas, con este ensayo Perlongher presenta -o insiste en- la persistencia de la represión policial y la violencia sistemática hacia los homosexuales dentro de la que se entiende al sida como el contexto inevitable al que se ligan la producción de cadáveres. Así, enfermedad y asesinato convergen en los cuerpos homosexuales como el castigo por su sexualidad, proyectando la sutura anal como acto de “sujeción humanizante, disciplinante; sujetar el culo es, de alguna manera, Sujetar el sujeto a la civilización, diría Bataille, a la ‘humanización’”252.
 
Gabriel Giorgi ha rastreado en este ensayo esas operaciones por las cuales el cuerpo homosexual funciona como caja de resonancia del “sueño de exterminio”, el modo en que el sida en Perlongher vuelve explícito y definitivo ese lugar de la homosexualidad como cuerpo terminal, como materia del fin253. Con esta entrada de Perlongher, Fin de Siglo da a leer una señal cómplice con la idea del autor que posiciona al sida en su dimensión disciplinante del deseo homosexual.254 Ya hemos visto que luego, en 1991, ubica implícitamente a este síntoma inicial reconocido en 1988 como lo que fue “la insinuación” de un “declive propio” ante “la muerte en masa del SIDA”, y que entonces, tres años después, supone efectivamente “la desaparición de la homosexualidad”-; de modo que esta intervención del autor en Fin de Siglo cobra especial énfasis en ocasión de ubicar la lectura de Perlongher hilvanada temporalmente con el subsiguiente texto que publica en 1991.
 
252 Perlongher, pág. 22.
253 Giorgi, pág. 154.
254 En los tiempos del SIDA…La desaparición de la homosexualidad” en El Porteño
N° 119 noviembre de 1991, págs. 12-15.

Cerdos&Peces: sexo y sida en este sitio inmundo

Anteriormente hemos visto los primeros tratamientos sobre sida de Cerdos&Peces, como suplemento de El Porteño de julio de 1985, cuando vuelve a editarse en ese marco para no perder vigencia frente a la suspensión de su publicación. Y los aportes de Symns en Fin de Siglo cuando la revista estuvo cerrada hasta septiembre de 1989. Quizá en continuidad con esas intervenciones de Baigorria con Perlongher en ocasión de su visita a Argentina durante su estadía en San Pablo, en la edición de enero de 1987 publican una nota del poeta paulista Roberto Piva que aporta “una visión dionisíaca”255 de la anarquía, de grupalidades outsider y suburbana, frente a la moral castradora de un Estado nacional que se nutre de la Iglesia católica al que se impondrá un golpe que no será, sino, erótico.
 
En un futuro no progresivo -o quizá como una operación de inversión valorativa frente a la catástrofe final-, prevé “una pudrición saturniana roja hará su aparición en un cortejo de monos con nervios hechos de imágenes televisivas y bacterias infecciosas”. Parece funcionar como presagio que se explicita páginas más adelante sobre el final inexorable: el apocalipsis está sucediendo “nau”256 y se trata del sida. Es “la maldición de fin de siglo” que comenzó con los decesos de la piltrafa de despojos sociales -“maricones, drogadictos con cayos en las venas, hemofílicos y criaturas de variado, promiscuo descarrile”- y que supone el terror sobre las prácticas que vieran implicadas los fluidos.
 
La narrativa profética metaforiza con la venida de los “Arcángeles para envenenar el semen, proscribir el beso, temer ante esa lágrima que resbala indolente y apacible por la mejilla que más amamos, huir de la sangre ajena”, y con un demonio que anida esos fluidos cuya arma es un rayo de placer que encubre, lógicamente, “un final inexorable”.
 
255 Roberto Piva; “El erotismo dará el golpe de estado” en Cerdos y Peces, N° 8, enero de 1987, pág. 25.
256 Cipriano Torres; “Apocalipsis NAU” en Cerdos y Peces, N° 8, enero de 1987, págs. 42-43. El título tiene clara alusión al film estadounidense Apocalypse Now de 1979 de Francis Ford Coppola, de la que puede interpretarse la asociación respecto de la locura en torno a la guerra. Sobre las derivas bélicas del sida ver Iriarte, Ignacio (2021); “Retóricas del sida. La Guerra Fría, Perlongher, la enfermedad y las computadoras” en Irina Garbatzky, I.; Gasparri, J. (coord.) Nuestros años ochenta, Rosario, hay Ediciones; Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria-CETyCLI, págs. 113-142.
 
Con el terror sobrevenido, en pocos párrafos se recorren escenarios por donde empiezan a transitar: los medios, el activismo profiláctico, las instituciones sociales, en las prácticas sexuales y de consumo de drogas; sin embargo, para el escritor, la sociabilidad sexual gay aún parece mantenerse ajena.
 

Este artículo es presentado en el epígrafe como una situación en la que “mientras los científicos ‘hacen como que descubren’ la solución, hay quienes matan dulcemente con su semen”. Esa segunda parte la compone entonces de una narrativa en primera persona ante un diagnóstico positivo257. Frente a ello, el personaje recapitula su animada vida sexual -“a veces gratis, a veces cobrando”- con la que parece haber logrado su cometido: alejarse y no regresar jamás al pueblo, pero que también lo estaba llevando a su inminente muerte. De ese repaso por sus recuerdos, en el que el narrador buscaba a un responsable de su contagio, confiesa que emerge una idea, como si hubiera madurado la conciencia de poseer en su semen un arma letal y, en consecuencia, del poder de matar.
 
Parte de un deseo que subjetiva (“ya sin rastro del chico del pueblo, macho cabrío ahora de copa en mano y ojo de águila”) y se ve interrumpido, como consecuencia de sí mismo, pero no cesado. Ese deseo sexual se re-inaugura en el poder de producir muerte (“el placer que siento al ejecutar mi venganza y recibir por ello dinero e ignorantes sonrisas de agradecimiento”), que radica precisamente en el acto de producir placer sexual (“cuando me corro… me siento como un escorpión clavando un aguijón dulce y secreto, que hace gozar, que hace gemir… y que mata”).
 
No va a pagar “solo”, sus víctimas, se infiere, son lxs agentes ejemplares de la moral preventivamente aséptica que adviene. Es una acción que permite la potenciación de lo productivo hasta el final, y en su acto, una venganza para quienes se exculparán. Con esto, en Cerdos&Peces se inaugura al tema en enero de 1987 con una parodia de la moral teológica y de relatos vivenciales, no autocomplacientes que, fiel al estilo editorial, propone una lectura morbosa sobre cierta paranoia social respecto de los impulsos asesinos de los infectados.
 
257 Luis Minguez; “Dulcemente mato con mi semen” Cerdos y Peces, N° 8, enero de 1987, pág. 43. Más adelante nos detendremos en dos números especiales que recopilan textos publicados a lo largo de la década con la intención de armar una crónica de los 80. En esa selección se recoge este texto; veremos su funcionalidad discursiva en la propuesta de ese número y del proyecto editorial en general.

El tema vuelve, otra vez con Baigorria, en abril del mismo año en una nota sobre el carnaval de Río258. El sida aparece aquí como una de las condiciones que podrían haber producido el carnaval más empobrecido del que hayan tenido memoria (entre la pobreza y la putrefacción en las calles), pero “la capacidad brasileña para transformar todo pesar en goce y vivir la vida a full aunque hayan arrojado la bomba de neutrones” -tal como Baigorria describe al carnaval carioca-, alcanza a la preocupación sobre el sida que, a decir de él, a diferencia de la actitud paranoica yanqui y la quejosa argentina, es integrada a la cultura. La operación de inversión que produce el carnaval, como exponente de la cultura brasilera, le permite ponderar que allí no se negocia el placer y el goce sexual frente al sida, y el forro se ha aceptado para no ceder terreno ante la proliferación de oportunidades que supone la festividad.
 
La descrita festividad -y la gozosa habilidad- brasilera es la excusa que le permite a Baigorria esbozar una crítica de la sociedad argentina, “triste, persecutoria y uniforme”, incapaz de drenar sus miserias, que sostiene su “nacionalidad” que -hipócritamente- para escapar de ella hacia la felicidad cruza la frontera. Y que, por lo tanto, parece darnos indicios de cómo se asumirá el sida y su impacto sobre la cultura sexual.
 
En ese mismo número aparece otra mención sobre sida, del propio Enrique Symns259. El director de la revista irrumpe en el medio del número para decretar que “no tiene nada para decir”, lo que puede ser entendido como una crítica o un posicionamiento sobre el ejercicio periodístico y lo que busca este proyecto editorial. Puntea sobre una serie de temas que se supone debería abordar, y la funcionalidad tranquilizadora o autocomplaciente de lxs lectorxs al toparse con temas controversiales para la sociedad media. Se pregunta entonces si debería escribir sobre sida, dado que ello sólo serviría para justificar la inercia sexual, la obsesión con los vecinos putos o la entrega al letargo de la monogamia reproductivista.
 
258 Osvaldo Baigorria; “Carnaval. La droga es Río” en Cerdos&Peces, abril de 1987, págs. 50-52.
259 Enrique Symns; “No tengo nada para decir” en Cerdos&Peces N° 11, abril de 1987, págs. 18-19.
 
En este aspecto, Rosana Di Francesco propone que para entender el mecanismo transgresor de Cerdos&Peces en su contexto hay que atender a los temas sobreexpuestos y a determinadas prácticas por cuales se pone en juego la tensión entre mostrar, no mostrar o mostrar en exceso. Lo que se devela en el relevamiento de los números es que el sida no es el caso de un tema sobreexpuesto en el sentido de un abordaje crítico-analítico como central de las notas y las columnas. Al respecto, esta intervención de Symns es reveladora, esa expresión y la falta de abordaje directo no nos hace suponer automáticamente que este fuera un tema menos legítimo de posicionar para interpelar a su tribu lectora260, sino que se puede estar tratando de evitar la funcionalidad con los discursos que circulan epocalmente y con los que haría diálogo.
 
Di Francesco nos aporta también que la revista, en tanto dispositivo de exposición, dispone en conjunto lo visible y lo legible. En El Porteño el sida aparece en una nota de Enrique Symns261 en alusión a los elementos que componen una circulación urbana cuando pretende cronicar un paisaje contracultural o que ha quedado en los límites de la transgresión. Tanto como en ese texto en El Porteño, en los escritos de Symns y otros de C&P, sida siempre es mencionado como el lugar en el que radica lo feo, lo malo, lo delictivo262, lo excesivo, lo enfermo, lo pervertido, en una reivindicación de lo peyorativo frente a la fantasía de lo sano, lo bueno, lo admisible, lo socialmente aséptico263.
 
260 Di Francesco describe al grupo de lectores de la revista como una tribu de jóvenes inmersos en la decepción, que se vieron representados por el exceso de transgresión de la revista de Symns. Di Francesco, Rosana; “Cerdos&Peces. Una revista para pensar la transgresión en la transición democrática en Argentina” en Palimpsesto. Revista Científica de Estudios Sociales Iberoamericanos, Vol. 10, Nº 17 (enero-junio, 2020) Universidad de Santiago de Chile, págs. 99-109.
261 Enrique Symns; Territorio. “Largo viaje al fin de la noche” en El Porteño, N° 46, octubre de 1985, págs. 20-24.
262 “Los hackers. El tecnodelito contra la IBM” en Cerdos&Peces N° 15, agosto de 1987, págs. 5-8. Sobre esta nueva tribu urbana que, entre muchas otras cosas, distribuyen información sobre prevención de sida, dando cuenta de cierta acción clandestina que los organismos oficiales no estarían llevando a cabo. Enrique Symns “La banda de los Chacales” en Cerdos&Peces N° 24, marzo de 1990, págs. 62-66.
263 Andrea Rabolini; “Las nenas de Bangkok” en Cerdos&Peces N° 18, septiembre de 1989, págs. 42-43. Elsa Cicuta; “Yo tengo miedo” en Cerdos&Peces N° 19, octubre de 1989, pág. 7. “¿Por qué te molesta que hablemos de sexo?” en Cerdos&Peces N° 27, junio de 1990, pág. 36. “Nenas duras” en Cerdos&Peces N° 43, octubre de 1991, págs. 41-44.
 
En el mencionado texto, la autora analiza los mecanismos por los cuales la exposición de temas funciona como transgresión, desplegando lo que la sociedad media intentaba esconder. Y cuándo, producto de la visibilidad de los temas entrados los 90, dejan ser underground en tanto expresión del “reviente” durante el período de transición en Argentina, por lo cual se agota el mecanismo alcanzando el fin del proyecto editorial.
 
Si bien no aparece con centralidad y asiduidad como sucede en El Porteño, es visible porque se apela a él como metáfora, a modo de lenguaje -no ya el sida usando metáforas para ser entendida264, sino las metáforas que producía el sida respecto de otras cosas-265, para aportar característica de marginalidad a los relatos.
 
264 Nuevamente nos remitimos obligadamente a Sontag, quien conceptualiza sobre la metaforización de las enfermedades. Analiza el proceso por el cual determinadas enfermedades -las que tengan orígenes oscuros, tratamientos ineficaces y que alienan el cuerpo- tienden a hundirse en significados, para luego, en nombre de ellas atribuye ese horror (la corrupción, la putrefacción, la polución, la anomia, la debilidad) a otras cosas, es decir, usándolas como metáfora. La sífilis o el cáncer originaron los prototipos de casi todas las imágenes y metáforas vinculadas al sida. Respecto de la primera, reflotará las simbolizaciones como una enfermedad repulsiva, justiciera e invasora de la colectividad; del cáncer hilvana un potencial metafórico con ciertas diferencias respecto de la infecciosidad, la contaminación, la mutación y lo referido a la específica imaginería que rodea a los virus. Sontag, Susan (2003); La enfermedad y sus metaforas / El SIDA y sus metáforas, Buenos Aires, Ed. Taurus.
265 El uso de metáforas se cruza con los tonos altamente irónicos y el sarcasmo que el estilo de C&P usa para criticar la mediocridad de la sociedad argentina; de modo que, proponerse develar sus intenciones, o buscar un significado único se convierte en un reduccionismo.
Nos referimos, por ejemplo, a “Maldades del ambiente” por Elsa Cicuta, N° 13, junio de 1987, pág. 64, sobre el sexo profiláctico de Tomás Abrahám, quizá haciendo alusión a ciertas opiniones que el filósofo estuviera compartiendo entonces; “La nueva trola cubana en Argentina. ‘El SIDA al gobierno, Fidel al poder’” por Antonio Pusyacne, en Suplemento El Bolcheño, N° 15, agosto de 1987, págs. 2 y 5; “¡Pánico! El virus visual se propaga” N° 29, agosto de 1990, pág.8. En esta última no hay mención al sida, pero se usa el modo en que se difunde información sobre un virus, sus síntomas y efectos, la “peste blanca” que se propaga por emisiones televisivas y funciones videográficas. El sarcasmo es usado para mostrar la alienación en el consumo televisivo.
 
Todas esas menciones exponen el tema, construyen una legibilidad que, en esta plataforma, se sostiene dentro de la lógica de transgresión: no llevar los temas al terreno de los sentidos y las narrativas hegemónicas, sino cultivando una periferia donde conviene exponer lo malo, lo contrario, lo disidente, “como en un almacén perverso, provocador y transgresor en las imágenes de la revista y en los contenidos periodísticos y culturales”266. Causalmente, el relato sobre la propagación del sida a modo de venganza y esta nota en la que Symns “no tiene nada para decir” serán las seleccionadas en dos números especiales de la revista. Las abordaremos más adelante.
 
En el mismo sentido, el sexo es uno de esos contenidos con los que la revista trabaja la exposición de lo que la sociedad media esconde bajo la alfombra. Lo que encontramos allí es que, dado el grado de sexualización de la sociedad argentina, las narrativas apelan también al sexo como metáforas para arrojar críticas o ridiculizar sobre otros temas y tópicos y, en el mismo momento, a los modelos amatorios, conyugales y familiares tradicionales. La sobreexposición del sexo se da mediante la exhibición de lo orgiástico, la promiscuidad, la hipersexualización de las adolescentes, la prostitución, la pedofilia.
 
La estrategia narrativa es apelar a relatos testimoniales o experienciales como modo de personificar las prácticas, los deseos, las fantasías y producir cierta identificación incómoda con esos sujetxs -reales o ficticios, no importa- de lxs que por lo general lx lectorx sabe el nombre, la edad y la ocupación. En ese marco, el sida es presentado por C&P entre nosotros con un texto que inicia narrando un “placer negado”267: un vínculo sexual que no se concreta en el encuentro cuerpo a cuerpo frente a la posibilidad de seropositividad de la futura-frustrada compañera sexual.
 
266 Di Francesco, Rosana; pág. 107. La misma autora precisa los contenidos: el consumo de drogas, la locura, la prostitución, el sexo orgiástico, la pedofilia, la delincuencia, la noche y la calle entre otros temas controversiales para esa época, todos abordados desde el exceso que desestabilizaba, fundamentalmente, por el tono apologético transversal a todos los artículos, desplegando e instalando un estilo que fue el sello editorial de Symns.
267 Sergio Marchi; “Con nosotros: el SIDA” en Cerdos&Peces, N° 23, febrero de 1990, págs. 58-60.
 
A decir del escritor, la situación, y las consecuentes charlas con sus amigos, corrobora que “el SIDA se encuentra definitivamente entre nosotros” y ello le dispara la necesidad de una investigación. Lo que sigue es la información sobre contagio, desarrollo del virus y los síntomas, el uso y el negocio del AZT expuesto de modo muy coloquial.
 
Por lo tanto, y dado que el sexo se expone en sus modos socialmente excesivos268, en algunos de esos relatos aparece marcando un tope269, generando la interrupción del desarrollo de los encuentros sexuales. Un texto venido del futuro que se pregunta “¿qué nos pasó en los ‘90?”270, vaticina para esta década que se está iniciando que el sida, que será demoledor pero fugaz, jugará su rol en la modificación de las conductas (abundante y por fuera de las parejas, pero principalmente bucogenital, masturbatorio y propulsivamente lésbico) marcada por “la rutina del temor”. El miedo, otro de los tópicos transversales en C&P, es un agente en esos relatos sexuales271, también por los efectos sobre el deterioro físico, el abandono y en la producción de fantasías fantasmáticas sobre la muerte de un cuerpo con sida272.
 
Pero además es problematizado en su funcionalidad en tanto sea “quizá (...) una reacción instalada en la especie humana para evitar su realización. (...) la frontera invisible que nos separa”273. No obstante, de modo paralelo, ese supuesto límite material al encuentro carnal parece dar lugar al despliegue de los fetiches274 y prácticas alternativas a las que se presentan como más riesgosas, proponiendo un deseo desafiante y desestabilizador frente al peligro o la negativa autoinfligida275.
 
268 Así como expuso la droga y sobreexpone un uso excesivo del consumo. Al respecto podemos decir que, en relación al consumo de drogas, el sida aparece subexpuesto.
Relevamos solamente un tratamiento directo en cuanto a la modificación del consumo. Vera Land; “Yonkis” en Cerdos&Peces N° 24, marzo de 1990, págs. 21-22.
269 Silvia Hellman; “Mi primer orgía” en Cerdos&Peces N° 12, mayo de 1987, págs. 47-49.
270 Julián Meyer; “¿Qué nos pasó en los 90?”. Apartado “La mutación del amor”, pág. 26 en Cerdos&Peces N° 33, diciembre de 1990.
271 Elsa Cicuta; “Yo tengo miedo” en Cerdos&Peces N° 19, octubre de 1989, pág. 7. Aquí la narradora, en tono sarcástico, propone apelar al miedo generalizado al sida como estrategia para evitar propuestas sexuales.
272 “¿Qué es el miedo?”. Apartado “Los buitres del cuerpo” en Cerdos&Peces N° 28, julio de 1990, pág. 9.
273 “¿Cuál es tu miedo?” en Cerdos&Peces N° 28, julio de 1990, págs. 28-29.
274 Glauco Mattoso; “Besos en los pies” en Cerdos&Peces N° 30, septiembre de 1990, págs. 16-18.
275 “Polvos prohibidos”. Relato “Aquel dulce veneno” en Cerdos&Peces N° 42, septiembre de 1991, págs. 21-24.
 
Los últimos dos números de este período se publican en enero y marzo de 1992 (luego se discontinúa y retomará en diciembre de 1996). Son dos ediciones que se anuncian como lo mejor de sus 10 años, con lo que se proponen construir una crónica de los 80. En los dos números reeditan una selección de las notas que entienden como representativas de la década y algunas cosas que habían dejado afuera. Como adelantamos anteriormente, las menciones sobre sida en esos dos números pueden resumir el lugar que el tema ha ocupado en la propuesta editorial y, en consecuencia, el modo en que ha sido expuesto: la nota editorial del N° 46 de enero de 1992 es el texto de Enrique Symns de abril de 1987, que se entiende como una proclama sobre la operación transgresora de la revista en relación con qué y cómo hablar de los tópicos de su contemporaneidad276.
 
Entre ellos está el sida, pero lo que habría para decir no sería sino siempre funcional a un modo en realidad preconcebido sobre el sexo y la sexualidad. Paralelamente, entonces, sobre esos temas que reviven para una crónica de los 80, el sida es seleccionado como uno de los fenómenos que dibujaron la década y lo exponen a partir del texto “Dulcemente mato con mi semen”277 publicado en enero de 1987 del que hemos hablado arriba.
 
En Cerdos&Peces, entonces, los sentidos asociados al sida en relación con una elaboración de pensamiento o una cultura sexodisidente no se dan en adscripción a identidades sexuales. Quizá por coherencia con la idea de que la identidad es el brete por el que “transcurre la pobreza erótica de nuestros roles sexuales”278, la disidencia de los sentidos sobre sida se produce de manera intrínseca al mecanismo narrativo antes mencionado con que sobreexponen y transgreden el sexo de la sociedad media argentina, independientemente de la identidad de sus agentes, y que su cultura sexual pone en los subterfugios.
 
276 Enrique Symns; “No tengo nada para decir” en Cerdos&Peces N° 46, enero de 1992, págs. 3-5.
277 Luis Minguez; “Dulcemente mato con mi semen” en Cerdos&Peces N° 47, marzo de 1992, pág. 57.
278 Pier Cátulo; “Hacia el fin de las identidades sexuales” en Cerdos&Peces N° 15, agosto de 1987, pág. 32.
 
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